13/06/2026
Dormir no es “apagar” al niño.
Dormir, es lograr pasar de un estado de activación a un estado de calma suficiente para iniciar y sostener el sueño.
Para que eso ocurra, el cerebro necesita tres condiciones básicas:
ritmo, previsibilidad y baja estimulación al final del día.
1. Horarios estables
Cuando el niño se acuesta y se despierta a horas parecidas, su cerebro anticipa mejor el descanso y organiza más fácilmente los ciclos de sueño.
2. Rutina predecible
Una secuencia simple y repetida ayuda mucho: baño, pijama, cuento, abrazo y cama.
No por “costumbre” solamente, sino porque la repetición le da seguridad al sistema nervioso.
3. Menor activación antes de dormir
Si el niño termina el día con mucha luz, pantallas, juego brusco o demasiada estimulación, su cerebro se mantiene en alerta.
Por eso conviene que la última parte del día sea más tranquila.
El sueño se favorece cuando el niño se siente seguro, su cuerpo llega suficientemente regulado y el ambiente le transmite que es momento de descansar.
Consulte con su pediatra si ronca fuerte, hace pausas al respirar, se despierta muchísimas veces, está muy irritable de día, o si el problema de sueño es persistente.
Si siente que necesita orientación para acompañar mejor a su niño, puede escribirnos para recibir asesoría o terapia, en consultas presenciales o virtuales.
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