09/08/2026
Masticar parece un movimiento sencillo, pero en realidad es el resultado de un trabajo coordinado entre varios músculos que actúan con precisión para abrir, cerrar y desplazar la mandíbula. Si uno de ellos deja de funcionar correctamente, pueden aparecer dolor, dificultad para masticar o incluso problemas para abrir la boca.
El principal músculo de la mordida es el masetero, considerado uno de los más fuertes del cuerpo en relación con su tamaño. Su función es elevar la mandíbula, permitiendo cerrar la boca con la fuerza necesaria para triturar los alimentos.
El temporal, situado a ambos lados del cráneo, también participa en el cierre de la mandíbula. Además, ayuda a llevarla ligeramente hacia atrás, un movimiento importante para estabilizar la mordida después de cerrar la boca.
Más profundamente se encuentran los músculos pterigoideos, que aportan movimientos que muchas veces pasan desapercibidos. El pterigoideo medial colabora en elevar la mandíbula y participa en los movimientos laterales que permiten triturar los alimentos. El pterigoideo lateral, en cambio, es el principal responsable de llevar la mandíbula hacia adelante y coordinar la apertura de la boca, además de controlar el movimiento de la articulación temporomandibular.
Todos estos músculos trabajan como un solo sistema. Gracias a esa coordinación podemos masticar, hablar, bostezar e incluso mantener la mandíbula estable cuando está en reposo.
Cuando alguno de ellos se sobrecarga, por ejemplo, por bruxismo, apretar los dientes, estrés, traumatismos o trastornos de la articulación temporomandibular, pueden aparecer dolor en la mandíbula, la sien o la mejilla, dificultad para abrir la boca, chasquidos al moverla o fatiga al masticar.
La masticación depende de un equilibrio preciso entre músculos, huesos y articulaciones. Comprender cómo trabajan ayuda a entender por qué pequeños cambios en este sistema pueden afectar funciones tan cotidianas como comer o hablar.