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Dr. William Guerrero Médico🇨🇴 | Residente de dermatología 🇧🇷
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Infección bacteriana de piel: Erisipela. Sígueme también en Dermatólogo William Guerrero
03/10/2026

Infección bacteriana de piel: Erisipela. Sígueme también en Dermatólogo William Guerrero

Una pierna roja, caliente, hinchada y dolorosa que aumenta de tamaño rápidamente no siempre es “solo inflamación”: puede tratarse de una erisipela.

La erisipela es una infección bacteriana aguda que compromete principalmente la dermis superficial y los vasos linfáticos. Una de sus características más típicas es la aparición de una zona intensamente enrojecida, caliente, dolorosa y edematosa, con bordes relativamente bien definidos que permiten distinguir la piel afectada de la piel sana.

Los estreptococos β-hemolíticos, especialmente del grupo A, se encuentran entre los principales responsables. Para que la infección aparezca suele existir primero una puerta de entrada en la barrera cutánea: una pequeña herida, fisura, úlcera, traumatismo o incluso una tiña entre los dedos de los pies puede ser suficiente para permitir la entrada de bacterias.

Por eso factores como insuficiencia venosa, linfedema, diabetes, edema crónico, obesidad, lesiones cutáneas previas o antecedentes de erisipelas recurrentes pueden aumentar el riesgo.

En algunos pacientes no comienza únicamente con el cambio en la piel. Puede acompañarse de fiebre, escalofríos, malestar general y dolor, y la zona enrojecida puede expandirse en cuestión de horas.

En la práctica clínica es frecuente marcar con un bolígrafo el borde del eritema, como se observa en este caso. Esto permite comparar posteriormente si la lesión permanece estable, comienza a retroceder o continúa avanzando a pesar del tratamiento. La marca no trata la enfermedad; simplemente facilita el seguimiento de su evolución.

La erisipela requiere valoración médica porque habitualmente necesita tratamiento antibiótico. No es recomendable automedicarse ni utilizar antibióticos sobrantes de tratamientos anteriores.

Si el enrojecimiento progresa rápidamente, existe fiebre alta, dolor intenso, aparición de ampollas, zonas oscuras o necróticas, confusión, debilidad marcada o deterioro del estado general, la valoración debe ser urgente.

Una pequeña grieta en la piel puede parecer insignificante, pero a veces es suficiente para abrirle la puerta a una infección que puede avanzar rápidamente.

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Aviso: La información proporcionada tiene carácter informativo y educativo. No sustituye la atención médica presencial ni una evaluación individual. Para cualquier duda o situación relacionada con tu salud, consulta con un profesional autorizado.

03/10/2026

Que octubre llegue con algo que no tiene precio: salud para nosotros y que nunca falte salud en sus hogares. Todo lo demás se puede ir construyendo poco a poco. Feliz fin de semana para todos.

Padres, no ignoren estas señales en sus hijos. Sígueme también en Dermatólogo William Guerrero
03/10/2026

Padres, no ignoren estas señales en sus hijos. Sígueme también en Dermatólogo William Guerrero

Hay una combinación de señales en un niño con fiebre que no debería pasar desapercibida, porque puede corresponder a la enfermedad de Kawasaki.

Esta enfermedad es una vasculitis aguda que afecta principalmente a niños pequeños y produce inflamación de vasos sanguíneos de mediano calibre. Su importancia está en que, si no se reconoce y trata oportunamente, puede comprometer las arterias coronarias.

Una de las pistas principales es la fiebre persistente, clásicamente durante 5 días o más. Pero la fiebre no aparece sola. Pueden sumarse ojos rojos en ambos lados sin secreción purulenta, labios muy rojos y agrietados, lengua en “fresa”, erupción cutánea y cambios en las extremidades.

Las manos y los pies pueden verse enrojecidos e hinchados durante la fase aguda. Días después, algunos niños desarrollan descamación alrededor de los dedos. También puede aparecer una adenopatía cervical, generalmente unilateral y de tamaño considerable.

Otro detalle importante es que el exantema de Kawasaki no tiene una única forma. Puede parecerse a otras erupciones infantiles, por lo que el contexto completo es fundamental. El diagnóstico no depende de una sola lesión, sino de la combinación de fiebre persistente, hallazgos mucocutáneos y evaluación médica.

La razón por la que esta enfermedad merece tanta atención es el corazón. La inflamación puede afectar las arterias coronarias y favorecer la formación de dilataciones o aneurismas. Por eso, ante sospecha clínica, suelen solicitarse estudios como ecocardiograma y análisis de laboratorio para valorar inflamación y posibles complicaciones.

El tratamiento oportuno, habitualmente con inmunoglobulina intravenosa y ácido acetilsalicílico bajo supervisión médica, reduce de manera importante el riesgo de daño coronario.

Si un niño lleva varios días con fiebre y además presenta ojos rojos, labios agrietados, lengua muy roja, manchas en la piel o manos y pies hinchados, no conviene esperar a que “se le pase solo”.

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A todos nos va a pasar y esta es la explicación.
02/10/2026

A todos nos va a pasar y esta es la explicación.

Estos “moretones” que aparecen en los brazos de muchos adultos mayores pueden surgir incluso cuando la persona no recuerda haberse golpeado.

Se conocen como púrpura senil o púrpura actínica, y aunque a primera vista pueden preocupar mucho, generalmente no significan que exista un problema grave de coagulación.

Con los años, la piel se vuelve más delgada y pierde parte del colágeno que protege los pequeños vasos sanguíneos. A esto se suma el daño acumulado por décadas de exposición solar, especialmente en zonas como los antebrazos y el dorso de las manos.

El resultado es que los capilares quedan mucho más frágiles.

Por eso un roce con una mesa, cargar un bolso, apoyarse sobre el brazo o incluso un traumatismo tan leve que la persona ni siquiera recuerda puede romper pequeños vasos y permitir que el líquido hemático se acumule bajo la piel.

Así aparecen esas manchas violáceas, rojizas o marrones.

Algo característico es que suelen aparecer en áreas expuestas al sol, especialmente antebrazos y manos, y muchas veces no duelen. Con los días cambian de color y terminan desapareciendo, aunque pueden dejar temporalmente una pigmentación más oscura.

Ahora bien, no todo moretón espontáneo debe atribuirse automáticamente a la edad.

Si comienzan a aparecer hematomas muy extensos en diferentes partes del cuerpo, sangrado de encías o nariz, puntitos rojos numerosos en la piel, sangre en la o***a o las deposiciones, o si la persona usa anticoagulantes y los moretones aumentan de forma importante, conviene buscar valoración médica.

También algunos medicamentos, como corticoides, anticoagulantes y antiagregantes, pueden facilitar la aparición de estas lesiones.

Lo más importante es entender que en la púrpura senil el problema no suele estar en que “la sangre esté demasiado líquida”, sino en que la piel y los pequeños vasos se han vuelto más vulnerables con el paso del tiempo.

Y por eso muchas veces aparecen sin un golpe aparente.

La piel también envejece, y algunas de sus señales no se ven como arrugas, sino como pequeñas manchas que revelan cuán frágiles se han vuelto los vasos que están debajo.

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Aviso importante: La información compartida tiene únicamente fines educativos y de divulgación médica. No sustituye la consulta presencial ni debe usarse como diagnóstico. Si presentas síntomas o dudas sobre tu salud, acude siempre a un profesional médico.

La enfermedad que causa ronchas que pican. Sígueme también en Dermatólogo William Guerrero
02/10/2026

La enfermedad que causa ronchas que pican. Sígueme también en Dermatólogo William Guerrero

Esas ronchas que aparecen de repente, pican muchísimo y luego desaparecen como si nada hubiera pasado tienen un nombre: urticaria.

La urticaria se caracteriza por la aparición de habones o “ronchas” elevadas, rojizas o del color de la piel, generalmente acompañadas de picazón intensa. Pueden ser pequeñas o unirse formando placas más grandes y cambiar de lugar a lo largo del día.

Una de sus características más importantes es precisamente esa naturaleza fugaz: una lesión individual suele desaparecer por completo en menos de 24 horas, aunque pueden aparecer nuevas ronchas en otras zonas del cuerpo. Si una misma lesión permanece fija durante más tiempo, deja moretón, produce dolor importante o pigmentación residual, hay que considerar otros diagnósticos.

¿Pero por qué ocurre?

En la urticaria, unas células llamadas mastocitos liberan histamina y otros mediadores inflamatorios. Esto hace que los pequeños vasos sanguíneos se dilaten y permitan la salida de líquido hacia la piel. El resultado es esa elevación característica acompañada de enrojecimiento y picazón.

Y aquí aparece uno de los mitos más frecuentes: tener urticaria no significa necesariamente ser alérgico a algún alimento.

Cuando dura menos de seis semanas hablamos de urticaria aguda. Puede relacionarse con infecciones, determinados medicamentos, alimentos u otros desencadenantes, aunque muchas veces no se identifica una causa concreta.

Si los episodios aparecen durante seis semanas o más hablamos de urticaria crónica. En muchos pacientes no existe una alergia externa responsable; pueden intervenir mecanismos autoinmunes o aparecer de manera espontánea. También existen urticarias inducibles desencadenadas por estímulos específicos como frío, calor, presión, fricción, ejercicio, sudor, luz solar o contacto con determinadas sustancias.

Otro fenómeno que puede acompañarla es el angioedema: una hinchazón más profunda que suele afectar párpados, labios, manos o pies y puede tardar más en desaparecer.

La mayoría de los episodios de urticaria afectan únicamente la piel, pero hay una señal que nunca debe ignorarse: si las ronchas se acompañan de dificultad para respirar, sensación de cierre de garganta, hinchazón de lengua, mareo intenso o pérdida del conocimiento, se necesita atención médica inmediata porque podría tratarse de una reacción sistémica grave.

La urticaria puede parecer sencilla porque las lesiones desaparecen, pero cuando se vuelve recurrente entender su patrón, duración y desencadenantes es fundamental para decidir cómo estudiarla y tratarla.

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¿Ven ese aro descamativo que pica? Es hongo. Sígueme también en Dermatólogo William Guerrero
02/10/2026

¿Ven ese aro descamativo que pica? Es hongo. Sígueme también en Dermatólogo William Guerrero

Cuando una lesión en la piel comienza a crecer en forma de círculo, con el borde más rojo y descamativo que el centro, hay una causa que debemos tener muy presente: la tiña del cuerpo.

La tiña corporal, también llamada tiña corporis, es una infección superficial causada por hongos dermatofitos. Estos microorganismos se alimentan de queratina, una proteína presente en la capa más externa de la piel, el cabello y las uñas. Por eso pueden producir lesiones muy características en distintas partes del cuerpo.

Una de sus formas más típicas es precisamente esta: placas redondeadas o anulares que aumentan progresivamente de tamaño. El borde suele verse más activo, rojizo y descamativo, mientras que el centro puede ir aclarando. De ahí esa apariencia de “aro” que muchas personas confunden con alergia, eccema o incluso psoriasis.

La picazón es frecuente, aunque no siempre está presente.

¿Y cómo se adquiere? Los dermatofitos pueden transmitirse por contacto directo con otra persona infectada, pero también por animales, especialmente perros y gatos, o mediante objetos contaminados como toallas, ropa, sábanas, equipos deportivos o superficies húmedas. El calor, la humedad, la sudoración y permanecer con ropa mojada durante mucho tiempo facilitan su crecimiento.

Un detalle importante es que la infección puede extenderse de una zona a otra al rascarse. También puede coexistir con pie de atleta u onicomicosis, porque el mismo tipo de hongo puede afectar distintas áreas del cuerpo.

El diagnóstico muchas veces puede sospecharse por el aspecto clínico, pero no toda lesión circular es una tiña. Algunas dermatitis, psoriasis, pitiriasis rosada y otras enfermedades pueden adoptar formas parecidas. Cuando existen dudas, el dermatólogo puede tomar material de la descamación para examinarlo y confirmar la presencia del hongo.

El tratamiento suele hacerse con medicamentos antimicóticos. En casos localizados, pueden ser suficientes tratamientos tópicos durante varias semanas; cuando las lesiones son numerosas, extensas, recurrentes o afectan determinadas localizaciones, puede ser necesario tratamiento por vía oral bajo supervisión médica.

Hay un error especialmente frecuente: aplicar cremas con corticoides pensando que se trata de una alergia. El corticoide puede disminuir temporalmente el enrojecimiento, pero permitir que el hongo continúe creciendo y modificar tanto la lesión que luego resulta más difícil reconocerla. A esto se le conoce como tiña incógnita.

Si notas una lesión circular que crece progresivamente, descama en el borde y produce picazón, no significa automáticamente que sea un hongo, pero sí merece una valoración adecuada.

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Esto es lo que causa de apenditis aguda.
02/10/2026

Esto es lo que causa de apenditis aguda.

Sí, una pequeña bolita de materia f***l endurecida es la principal causa de apendicitis aguda.

Esa estructura redondeada se conoce como f***lito o apendicolito. Puede formarse por material f***l endurecido y, en algunos pacientes, quedar atrapada justo en la entrada o dentro del apéndice, una pequeña prolongación del intestino grueso ubicada cerca del inicio del colon.

El problema comienza cuando el apéndice queda obstruido. Aunque parezca una estructura pequeña y poco importante, su pared continúa produciendo secreciones.

Si la salida está bloqueada, el contenido empieza a acumularse, aumenta la presión dentro del apéndice y se dificulta primero el drenaje linfático y venoso. A medida que la presión sigue aumentando, también puede comprometerse el aporte sanguíneo.

Mientras esto ocurre, las bacterias que normalmente viven dentro del intestino encuentran un ambiente ideal para proliferar. El apéndice se inflama, su pared se vuelve más gruesa y aparece el cuadro que conocemos como apendicitis aguda.

Por eso el dolor puede empezar de una manera bastante particular. Muchas personas inicialmente sienten una molestia difusa alrededor del ombligo y, con el paso de las horas, el dolor termina localizándose en la parte inferior derecha del abdomen.

También pueden aparecer pérdida del apetito, náuseas, vómitos, fiebre y un dolor que empeora al caminar, toser o realizar movimientos bruscos.

Y aquí viene lo realmente peligroso: si la obstrucción y la inflamación continúan, la pared del apéndice puede sufrir isquemia, necrosarse y finalmente perforarse. Cuando esto sucede, bacterias y contenido intestinal pueden escapar hacia la cavidad abdominal y producir complicaciones como abscesos o peritonitis, convirtiendo un problema localizado en una emergencia mucho más grave.

Pero quiero aclarar algo importante. No todas las apendicitis son causadas por un f***lito. El apéndice también puede obstruirse por inflamación del tejido linfoide y otras causas. Sin embargo, cuando existe un apendicolito asociado a una apendicitis, puede relacionarse con cuadros más complicados en determinados pacientes.

Por eso un dolor abdominal que comienza alrededor del ombligo y migra hacia la parte inferior derecha, especialmente si aumenta progresivamente y se acompaña de fiebre, náuseas o vómitos, no debería tratarse simplemente con analgésicos esperando que desaparezca.

Una estructura de apenas unos milímetros puede parecer insignificante, pero si bloquea el lugar equivocado, puede iniciar una cadena de inflamación capaz de terminar en una urgencia quirúrgica.

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Este quiste produce un olor muy fétido. Sígueme también en Dermatólogo William Guerrero
02/10/2026

Este quiste produce un olor muy fétido. Sígueme también en Dermatólogo William Guerrero

Ese bulto redondeado con un pequeño punto oscuro en el centro es el quiste más común de piel: un quiste epidermoide.

También se conoce popularmente como “quiste sebáceo”, aunque ese nombre no es del todo correcto. En realidad, el quiste epidermoide no se forma por acumulación de sebo, sino porque células de la epidermis quedan atrapadas dentro de la piel y continúan produciendo queratina. Con el tiempo, esa queratina se acumula dentro de una cápsula y forma el característico bulto.

Una de las pistas clínicas más útiles es precisamente ese pequeño orificio o punto central que puede observarse en la superficie. Se denomina punctum y corresponde a la comunicación del quiste con la epidermis. No todos los quistes lo muestran claramente, pero cuando está presente orienta bastante al diagnóstico.

Estos quistes suelen crecer lentamente durante meses o incluso años. Generalmente son redondeados, firmes o ligeramente móviles y no producen dolor. Pueden aparecer prácticamente en cualquier parte del cuerpo, pero son frecuentes en cara, cuello, espalda y tronco.

¿Y qué tienen dentro? No se trata de grasa. El contenido suele ser una mezcla espesa de queratina de color blanquecino o amarillento que, cuando el quiste se rompe o se manipula, puede expulsarse y tener un olor bastante particular.

Uno de los errores más frecuentes es intentar exprimirlo como si fuera un granito. Esto puede romper la pared del quiste dentro de la piel y desencadenar una inflamación intensa. Entonces la zona se vuelve roja, caliente, dolorosa y puede aumentar rápidamente de tamaño. Muchas veces se interpreta como una infección, aunque algunos quistes simplemente están inflamados sin que exista inicialmente una infección bacteriana verdadera.

Cuando el quiste no produce molestias, en algunos casos puede mantenerse solamente en observación. Sin embargo, si crece, se inflama repetidamente, duele, se rompe o genera incomodidad estética, puede considerarse la extracción quirúrgica.

Y aquí hay un detalle importante: para disminuir la posibilidad de que vuelva a aparecer, no basta con vaciar su contenido. Durante la exéresis se intenta retirar también la cápsula completa, porque si una parte de esa pared permanece dentro de la piel, el quiste puede volver a llenarse.

Aunque la gran mayoría son completamente benignos, cualquier masa que crezca rápidamente, sea muy dura, se encuentre adherida a planos profundos, sangre, se ulcere o tenga características atípicas debe ser evaluada antes de asumir que se trata simplemente de un quiste.

Así que ese pequeño “bulto con un punto negro” que alguien puede llevar durante años tiene una explicación bastante sencilla: una cavidad revestida por epidermis que lentamente se ha ido llenando de queratina.

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Diferencias entre lipoma y quiste. Sígueme también en Dermatólogo William Guerrero
02/10/2026

Diferencias entre lipoma y quiste. Sígueme también en Dermatólogo William Guerrero

¿Tienes un “bulto” debajo de la piel y no sabes si podría ser un lipoma o un quiste? Aunque muchas veces se parecen por fuera, por dentro son completamente diferentes.

El lipoma es un tumor benigno formado por tejido adiposo. Se desarrolla habitualmente en el tejido subcutáneo y suele sentirse como una masa blanda, elástica y móvil debajo de la piel. Muchas personas describen que “se mueve” cuando lo presionan con los dedos. Por lo general crece lentamente, no duele y la piel que lo recubre mantiene un aspecto completamente normal.

Puede aparecer en espalda, cuello, brazos, hombros, muslos y muchas otras zonas del cuerpo. La mayoría son pequeños, aunque algunos pueden crecer durante años y alcanzar tamaños considerables.

El quiste epidermoide, en cambio, no está compuesto por grasa. Se forma cuando células de la epidermis quedan atrapadas debajo de la piel y continúan produciendo queratina, que va acumulándose dentro de una cápsula. Por eso, cuando se abre o drena, puede salir un material espeso, blanquecino o amarillento y con un olor bastante característico.

Una pista muy útil para diferenciarlo del lipoma es la presencia de un pequeño punto central, conocido como punctum. Este representa la comunicación del quiste con la superficie de la piel y no siempre está presente, pero cuando aparece orienta mucho hacia el diagnóstico.

Al tacto, el quiste suele sentirse más firme que un lipoma y puede estar más adherido a la piel superficial. Además, mientras un lipoma generalmente permanece indoloro, un quiste puede inflamarse repentinamente, aumentar de tamaño, ponerse rojo y volverse doloroso.

Y aquí ocurre algo muy frecuente: muchas personas intentan “exprimir” el quiste pensando que es un granito. Puede salir parte del contenido y parecer que desapareció, pero si la cápsula permanece debajo de la piel, el quiste puede volver a llenarse.

En el lipoma sucede algo diferente. No existe una cavidad llena de queratina que pueda vaciarse; estamos hablando de una verdadera proliferación de células grasas. Cuando necesita tratamiento, generalmente se retira mediante cirugía.

Tanto los lipomas como los quistes epidermoides son lesiones benignas muy frecuentes. Sin embargo, no cualquier masa debajo de la piel debe asumirse automáticamente como una de estas dos entidades.

Un bulto que crece rápidamente, se vuelve muy duro, está fijo a planos profundos, mide varios centímetros, produce dolor persistente o presenta cambios atípicos merece valoración médica. Dependiendo del caso, el examen físico puede ser suficiente o pueden necesitarse estudios como ecografía, resonancia o incluso análisis anatomopatológico.

La diferencia esencial es sencilla: el lipoma está formado por tejido graso; el quiste epidermoide es una cápsula llena principalmente de queratina.

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Como médico quiero advertirte muy seriamente algo: vivir con reflujo durante años no debería considerarse normal, porque...
02/10/2026

Como médico quiero advertirte muy seriamente algo: vivir con reflujo durante años no debería considerarse normal, porque el problema no es solamente sentir ardor, es lo que puede estar ocurriendo silenciosamente en la pared del esófago.

El estómago está preparado para convivir con un ambiente extremadamente ácido. El esófago, en cambio, no. Entre ambos existe el esfínter esofágico inferior, una especie de válvula muscular que normalmente dificulta que el contenido gástrico regrese hacia arriba. Cuando este mecanismo falla repetidamente, el ácido y otros componentes del contenido gástrico entran en contacto con una mucosa que no está diseñada para soportarlos.

Así aparece la enfermedad por reflujo gastroesofágico.

Al principio puede manifestarse simplemente como ardor detrás del pecho, regurgitación o sabor ácido en la boca. Sin embargo, algunas personas también desarrollan tos nocturna, carraspeo frecuente, ronquera, sensación de líquido que sube hacia la garganta o molestias después de acostarse.

El verdadero problema comienza cuando esa exposición se vuelve repetitiva.
La inflamación mantenida puede provocar esofagitis, erosiones, ulceraciones y, en determinados pacientes, estrechamientos que dificultan progresivamente el paso de los alimentos. Por eso, cuando una persona comienza a sentir que la comida “se queda pegada”, ya no estamos hablando de una molestia que deba ignorarse.

Existe además una complicación especialmente importante: el esófago de Barrett.

En algunas personas con reflujo crónico, las células que recubren la parte inferior del esófago cambian como mecanismo de adaptación frente a la agresión repetida. Esta transformación no significa que la persona tenga un tumor maligno, pero sí identifica un tejido con mayor riesgo de desarrollar adenocarcinoma de esófago en comparación con la población general.

Y aquí es fundamental aclarar algo: tener reflujo no significa que necesariamente desarrollarás Barrett ni mucho menos un tumor maligno. La mayoría de las personas con reflujo nunca llegan a ese punto. El problema es normalizar síntomas persistentes durante años sin investigar cuándo realmente existe enfermedad.

Algunos factores que favorecen el reflujo incluyen obesidad abdominal, hernia hiatal, tabaquismo, determinadas comidas en algunas personas, consumo de alcohol, comidas abundantes y acostarse poco después de comer. El embarazo y ciertos medicamentos también pueden favorecerlo.

Consulta especialmente si aparecen señales como:

• Dificultad o dolor al tragar.
• Pérdida de peso sin explicación.
• Vómitos persistentes.
• Anemia o sangrado digestivo.
• Síntomas que comienzan o cambian de manera importante después de los 50 años.
• Reflujo frecuente que no mejora adecuadamente con las medidas indicadas.

El tratamiento no consiste únicamente en “aguantar menos la acidez”. Dependiendo del caso, puede incluir pérdida de peso, modificación de horarios y hábitos de alimentación, tratamiento farmacológico correctamente indicado y, cuando existen factores de riesgo o síntomas de alarma, una endoscopia digestiva alta.

El mensaje es sencillo: tener reflujo ocasional puede ocurrir; vivir con reflujo frecuente durante años y acostumbrarse a él no debería ser la norma. Cuidar el esófago hoy puede evitar problemas mucho más difíciles de tratar mañana.

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