06/03/2026
Piloto automático… hasta que el alma habla
Me levanté.
Respiré sin sentirme.
Preparé te.
Respondí mensajes.
Resolví pendientes.
Sonreí cuando tocaba sonreír.
Dije: “estoy bien”,
aunque por dentro algo pedía silencio.
Y así, sin darme cuenta,
un día se convirtió en rutina,
la rutina en costumbre,
y la costumbre en una vida
donde el cuerpo estaba presente,
pero el alma no siempre.
Porque a veces no estamos viviendo…
estamos sobreviviendo bonito.
Cumplimos.
Cuidamos.
Acompañamos.
Sostenemos.
Escuchamos a todos,
pero nos olvidamos de preguntarnos:
“¿Y yo cómo estoy?”
“¿Qué necesito?”
“¿Dónde me abandoné tratando de poder con todo?”
El piloto automático te mantiene en movimiento,
sí…
pero no siempre te lleva de regreso a ti.
Y llega un momento en que la vida,
con su forma suave o incómoda,
te susurra:
“Detente.”
“No tienes que cargarlo todo.”
“No tienes que demostrar nada.”
“Respira.”
“Vuelve a ti.”
Porque no siempre es tristeza.
A veces es cansancio del alma.
A veces es la memoria del cuerpo pidiendo descanso.
A veces es tu corazón diciendo:
“Ya no quiero funcionar… quiero sentirme viva.”
Y ahí empieza el regreso.
No cuando lo tienes todo resuelto.
No cuando todo se ve perfecto.
Sino cuando te atreves a pausar,
a escucharte,
a soltar lo que pesa,
y a confiar en que también mereces ser sostenida.
La vida no es una carrera.
Es un abrazo.
Suelta.
Confía.
Y vuelve a ti.
Compartelo con quien con quien necesite leerlo.
— Jasmina Capellán