02/08/2026
La lógica simplista de “amigos y enemigos”, de “aliados y contrarios”, es profundamente maniquea… y, en buena medida, responsable del caos en el que hoy parece sumergirse nuestro mundo.
Esa mirada reduccionista ha sido utilizada, muchas veces de forma mezquina, para dividir, manipular y enfrentarnos, como si prevalecer a costa de los demás fuera un logro. Pero no lo es. Estamos en el mismo bote. Y abrirle huecos para que se hundan quienes piensan distinto no es valentía… es necedad. Tarde o temprano, ese daño nos alcanza a todos.
Lo vemos en lo cotidiano: miradas de recelo, descalificaciones por ideas que no encajan, pertenencias que excluyen o nos excluyen. Son síntomas de un deterioro más profundo.
Hoy, quizá como pocas veces, nuestro país necesita algo diferente: corazones comprometidos, mentes ancladas en la razón y lenguas prudentes. No se trata de callar nuestra verdad, sino de sostenerla con integridad, recordando que por un mismo canal no pueden fluir aguas contaminadas y agua potable.
Somos falibles. Por eso necesitamos anclaje. Un cable a tierra que nos devuelva a lo esencial: humanidad, respeto y responsabilidad compartida.
Porque no se trata de ganar unos sobre otros… sino de no perderlo todo juntos
¡Que tengan una linda semana!