30/06/2026
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Hay una idea que me gusta recordar, tanto como terapeuta como al hablar de psicoterapia:
La terapia no ocurre solo porque exista un buen profesional. Tampoco depende únicamente de las herramientas o de las técnicas.
El cambio comienza a construirse cuando dos personas se comprometen con un mismo objetivo.
Como terapeuta puedo ofrecer un espacio seguro, escucha, contención y una alianza terapéutica basada en el respeto y la confianza. Mi responsabilidad es acompañar, orientar y facilitar el proceso con compromiso y ética profesional.
Pero el compromiso con el proceso no puedo asumirlo por la otra persona.
Con frecuencia, cuando un proceso no avanza, toda la responsabilidad recae sobre el terapeuta. Sin duda, es importante revisar la calidad de la intervención y de la relación terapéutica. Sin embargo, también vale la pena preguntarnos: ¿qué lugar ocupa la participación activa del paciente en ese proceso?
La terapia no es algo que el terapeuta “hace” sobre alguien. Es un trabajo que se construye entre dos personas.
Asistir, ser constante, participar activamente, hablar incluso de aquello que cuesta, poner en práctica lo trabajado entre sesiones y permitirse transitar el proceso son aspectos que también favorecen el cambio.
La alianza terapéutica no significa hacerlo perfecto; significa construir un vínculo donde ambos participan activamente para avanzar hacia los objetivos terapéuticos.
Porque la terapia, en esencia, siempre será un trabajo en equipo. 🫶🏽🤝
💬 ¿Qué piensas sobre el papel que tiene el paciente en su propio proceso terapéutico?.