18/02/2026
Freud lo llamaría compulsión a la repetición: el sujeto no vuelve porque no entienda, vuelve porque algo inconsciente insiste. Lacan diría que no amamos a la persona, sino al significante “ahora sí”. Y ese “ahora sí” tiene una fuerza erótica devastadora.
El arrepentimiento funciona como promesa narcisista: repara la herida sin modificar la estructura. La escena no es ingenuidad, es fidelidad al guión infantil donde el amor siempre regresa… aunque regrese igual.
La pregunta va sin malicia; pregunta como superyó cansado: “¿Otra vez?” Porque a veces no estamos enamoradas del hombre, sino de la esperanza de que, por fin, cambie el padre.