24/05/2026
Declaración de conflictos de interés:
No recibo ningún pago ni tengo relación con ninguna empresa que fabrique o comercie vacunas.
No existe ninguna relación científica entre las vacunas y el autismo. Esta afirmación es un mito que surgió de un estudio fraudulento y ha sido desmentido repetidamente por la comunidad médica internacional.
Origen del mito
Estudio fraudulento (1998): El médico Andrew Wakefield publicó un artículo en la revista The Lancet vinculando la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubéola) con el autismo. En ese artículo, Wakefield, que había estado investigando la enfermedad inflamatoria intestinal en 12 niños, relacionaba la vacuna triple vírica que protege contra el sarampión, la rubeola con el desarrollo de autismo
Retractación y fraude: Años después, se descubrió que Wakefield manipuló los datos y tenía conflictos de interés económicos. En 2010, The Lancet se retractó formalmente del artículo y Wakefield perdió su licencia médica.
Evidencia científica actual
Investigaciones masivas: Estudios que han analizado a millones de niños en todo el mundo no han encontrado ninguna conexión entre los componentes de las vacunas (como el timerosal o sales de aluminio) y el desarrollo neurológico.
Estudios específicos: Investigaciones en niños con mayor riesgo genético (hermanos con autismo) también han confirmado que la vacunación no aumenta las probabilidades de presentar la condición.
Riesgos de la desinformación: Creer en este mito ha provocado una caída en las tasas de inmunización, lo que ha llevado al resurgimiento de enfermedades graves como el sarampión en diversas regiones del mundo.
El autismo es una condición de origen neurobiológico cuyas causas exactas se desconocen, pero en el que están implicados factores genéticos en su origen, que interactúan de manera compleja con otros factores ambientales.
Las informaciones y noticias que presuponen un vínculo entre las vacunas, particularmente la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubéola), y el autismo, carecen de evidencia científica.
Las vacunas son seguras y esenciales para proteger a nuestros niños.