05/06/2026
A veces, en medio de la oración, la energía nos recuerda que no estamos solos. ✨
Hace un tiempo me pidieron enviar energía de sanación a una niña muy pequeña, de apenas 3 o 4 años. Estaba atravesando un cuadro respiratorio grave, con neumonía tipo COVID, y su familia estaba viviendo momentos de mucha angustia.
Entré en meditación y oración. Desde ese espacio de silencio, comencé a enviar Reiki, luz y presencia amorosa.
Mientras sostenía esa energía, vi los símbolos de luz brillar con mucha fuerza.
También percibí una presencia superior: luminosa, blanca, con destellos dorados.
Y luego vi algo que me marcó profundamente: el espíritu de la niña descendiendo desde los cielos y regresando a su cuerpo.
En ese instante me embargó una certeza muy serena... todo estaría bien.
No era una certeza mental. Era una paz profunda, una confianza silenciosa, como si la vida misma estuviera sosteniendo ese proceso. Compartí esa sensación con las personas que me habían pedido oración y sanación. Continué enviando energía durante varios días más. Aunque no volví a ver lo mismo, la sensación de bienestar permanecía.
Al día siguiente de esa primera sesión, la niña comenzó a mostrar mejorías importantes. A los pocos días ya no estaba entubada. Luego empezó a respirar y comer por sí misma. Y en unos días más, ya estaba de regreso en su casa.
El Reiki sí puede acompañar profundamente los procesos de sanación, desde el amor, la oración, la energía y la presencia.
Experiencias como esta han fortalecido en mí una certeza: la energía, el espíritu y las presencias superiores están más cerca de lo que imaginamos.
No estamos solos. Estamos acompañados. Estamos siendo amados y contenidos constantemente, incluso en los momentos más difíciles.
A veces, sanar también es recordar que la vida tiene fuerzas invisibles obrando en silencio. Y que la confianza, la fe y el amor también forman parte del camino. 🙏✨
Si tú o alguien que amas está atravesando un momento difícil, puedes escribirme para una sesión de Reiki o envío de energía a distancia.
Con Cariño,
Javier de Reiki Kiran