23/04/2026
Leer permite ensayar posiciones subjetivas, entrar en diálogo con otros mundos psíquicos, sostener la complejidad sin clausurarla rápidamente. Esto es central para la vida relacional, ya que para pensar con otros se requiere lenguaje, diferenciación y capacidad de elaboración. De este modo, disminuye el aislamiento psiquico, podemos encontrar cobijo en un libro justamente porque nos ofrece tramas simbolicas, donde lo afectivo puede alojarse y circular.
Por eso, el acceso a la lectura no es solo un tema educativo o de mejora de la “cultura”, sino que es un modo más de vincularnos. Si el acceso a los libros ( y a la posibilidad de leer y entender lo que se lee) es desigual, también lo es la posibilidad de construir herramientas psíquicas para pensar, decir y tramitar las experiencias. No quiero decir que leer sustituya el encuentro con otros, el encuentro fisico, pero sí que ensancha el campo simbólico desde el cual esa relación se vuelve posible.
Por otro lado, aunque suele pensarse como una actividad solitaria, la lectura no existe sin el compartir. Se comparte cuando una escritora se arriesga a publicar, a ofrecer su trabajo para ser leído por otros; y se comparte también cuando nos reunimos—en clubes de lectura, en conversaciones, en recomendaciones— a poner en común lo que un texto nos produjo.
La lectura deja de ser solo íntima y se vuelve experiencia relacional, circulación de sentidos, afectos y palabras. Pensar la lectura como práctica social y política es pensarla como parte de las condiciones que sostienen un mundo menos aislado y más compartido 📚🌹