01/09/2026
Solemos pensar que hace falta mucha vida para ir cosechando logros, y muchísima más aún para llegar a ser factor de transformación de otras vidas a nuestro alrededor, especialmente del entorno afectivo. Sin embargo, hoy compruebo una vez más que no es así. Para muestra un botón: hace 33 años que hizo su entrada en este planeta uno de esos factores de transformación. Venía ya con un nombre, el mejor nombre para él: Antonio, cuyo significado lo define. Antonio viene del latín y nos habla de alguien valiente, digno de alabanza, que defiende sus ideales; que ama su libertad, es un trotamundos y cuyas virtudes principales son la solidaridad y la amistad genuina. Todo esto calza con lo que le esperaba aquí el 1 de septiembre de 1993: ser un factor de transformación.
Antonio transformó en un tris tras a una niña bella e inteligente, y tan trotamundos como iba a ser él mismo, en MAMÁ. Y, como en el más sorprendente efecto dominó, me transformó a mí en ABUELA, a mi madre en bisabuela, a mi hijo mayor en tío y a mis hermanos y hermanas en tíos abuelos. A mis madres adoptivas en abuelas por un golpe de magia, que ha sido lo más extraordinario; y esto se replicaba al unísono en las familias de sus abuelos paternos.
Toda esta transformación sucedió en un parpadeo, porque eso demoró Antonio en hacer su arribo a este mundo que desde ese momento es más amable, más sorpresivo, más entretenido. Él comanda un fascinante grupo de nuevos factores de transformación que fueron llegando a la familia en los tiempos sucesivos, todos quienes me hacen sentir que en lugar de ABUELA, soy una REINA, pero no al modo de las reinas mundanas, sino como una abeja reina agradecida.
¡FELIZ CUMPLEAÑOS ANTONIO!