31/12/2025
Este 2025 no fue un año cómodo.
Fue un año honesto.
Un año donde tuve que mirar de frente mis miedos,
mis dudas vocacionales,
las partes de mi trabajo que no estaban funcionando
y también las partes de mí que ya no podían seguir sosteniendo lo mismo.
Aprendí —a veces a la fuerza— que el sistema nervioso no negocia con la autoexigencia eterna.
Que cuando una vive en “modo sostén” demasiado tiempo, el cuerpo pasa la cuenta.
Y que volver a lo esencial no es retroceder: es reordenar la raíz.
Este año confirmé algo importante:
no necesito hacer más,
necesito hacer con más verdad.
Volví a elegir la terapia floral clínica desde un lugar más adulto, más encarnado, más consciente.
No desde la urgencia de demostrar, sino desde la claridad de saber quién soy acompañando procesos.
Con niñas, con infancias, con familias, con mujeres que ya no quieren sobrevivir, sino habitarse.
Me llevo aprendizajes silenciosos.
Límites más claros.
Decisiones incómodas pero coherentes.
Y una confianza nueva: más suave, menos ruidosa, pero firme.
Cierro este año agradeciendo lo que se cayó,
porque hizo espacio.
Y abriendo el 2026 con una intención clara:
trabajar con profundidad, con sentido, y con un sistema nervioso que también esté a salvo.
Si este año te removió, te entiendo.
A veces el crecimiento no se siente como logro,
se siente como reacomodo interno.
Seguimos.
Más lentas.
Más presentes.
Más verdaderas.