30/03/2026
Como psicóloga infantojuvenil, desde el inicio de mi ejercicio profesional he trabajado en conjunto con distintos colegios, quienes me han derivado diversos casos de niños, niñas y adolescentes.
En muchos de estos casos, se trata de estudiantes que presentan conductas violentas en clases, actitudes desafiantes o comportamientos agresivos hacia sus pares o figuras de autoridad. Frente a esto, los establecimientos educacionales, como medida de apoyo y protección, realizan derivaciones a atención psicológica. Sin embargo, es importante señalar que son los padres o cuidadores quienes tienen la responsabilidad de concretar y sostener estos procesos terapéuticos.
A lo largo de mi experiencia, he podido observar que, en muchas ocasiones, estos niños no cuentan con herramientas adecuadas para expresar lo que sienten. La ira, la rabia, la frustración o la sensación de injusticia terminan manifestándose a través de la agresividad, no porque quieran hacer daño, sino porque no saben cómo comunicar su mundo interno de otra manera.
Los niños que no son escuchados en casa, inevitablemente buscarán ser escuchados en otros espacios.
Quiero ser muy clara: nada de esto justifica la violencia que hemos visto en los últimos años. Creo firmemente que los colegios hacen lo mejor que pueden con los recursos que tienen, y conozco de cerca el enorme esfuerzo y desgaste que viven día a día los docentes y las comunidades educativas.
Pero también es necesario decirlo: como padres y cuidadores, tenemos una responsabilidad fundamental en el bienestar emocional y mental de nuestros hijos e hijas. No podemos desentendernos.
Si notamos cambios en su comportamiento —como mayor aislamiento, irritabilidad, agresividad, silencio excesivo o actitudes que antes no estaban presentes— es momento de prestar atención y actuar.
Buscar ayuda no es un fracaso, es un acto de cuidado. Hablar con ellos, acompañarlos y, si es necesario, acudir a apoyo profesional, puede marcar una diferencia significativa en su desarrollo.
Sé que este es un tema sensible y muchas veces polémico, pero no podía quedarme en silencio.