14/07/2026
Hay derechos que hoy parecen tan cotidianos que es fácil olvidar que hubo un tiempo en que las mujeres no podían votar, estudiar libremente, administrar su propio dinero, acceder a determinadas profesiones o vivir con la misma autonomía que hoy consideramos normal.
Nada de eso apareció por casualidad. Fueron décadas de organización, valentía y perseverancia de mujeres que se negaron a aceptar que la desigualdad fuera el destino.
Por eso, recordar esa historia no es vivir en el pasado. Es preguntarnos qué estamos haciendo hoy para cuidar esos avances.
Los derechos nunca son completamente inmunes al cambio. Pueden fortalecerse cuando una sociedad los protege o debilitarse cuando dejamos de hablar de ellos, cuando la discriminación se normaliza o cuando creemos que "ya no hace falta" defenderlos.
Como psicóloga, sé que vivir con miedo, violencia, desigualdad o discriminación tiene un impacto profundo en la salud mental. Promover relaciones basadas en el respeto, la igualdad y la dignidad no beneficia solo a las mujeres: contribuye al bienestar de toda la sociedad.
No se trata de enfrentar a mujeres y hombres. Se trata de preguntarnos qué tipo de sociedad queremos construir y qué valores queremos transmitir a quienes vienen después de nosotros.
Hoy más que nunca vale la pena conversar, cuestionar, escuchar y participar con respeto. La indiferencia también tiene consecuencias.
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