12/09/2026
Hay vínculos que te van desgastando de a poco. Sigue leyendo...
Una palabra hiriente.
Un desprecio.
Una manipulación.
Un límite que nunca respetan.
Una provocación disfrazada de “broma”.
Y después otra. Y otra.
Hasta que un día explotás, porque sos humana.
Entonces aparece el clásico:
“¿Viste? Sos una persona problemática.”
“Siempre terminás haciendo un drama.”
“Por algo te reacciono así.”
Y de repente, toda la historia desaparece y solo importa tu reacción.
Pero una reacción no aparece en el vacío.
Esto no significa que todo lo que hagamos cuando estamos desbordadas esté bien. Podemos hacernos responsables de nuestros actos y, al mismo tiempo, mirar qué dinámica nos llevó hasta ahí.
Porque también hay que preguntarse:
¿Qué pasó antes de que yo explotara?
¿Cuánto tiempo llevé tragándome lo que me dolía?
¿Y por qué terminamos hablando solamente de mi explosión y nunca de todo lo que la provocó?
En un vínculo sano, los conflictos se pueden hablar sin destruir al otro.
Y si cada vez que intentás poner un límite terminás sintiéndote culpable por haber reaccionado, quizás vale la pena mirar el vínculo completo, no solamente tu reacción.
Si te está pasando esto y querés que empecemos a trabajarlo juntas 🤍Comentá PAZ 🤍