08/06/2026
Un sábado en la mañana, en un café de Núñoa, arrastrando sillas para que entren todos. De eso se trata, también: que nos juntemos un sábado a pensar en voz alta es ya una manera de sustraerle algo al mercado. Un pequeño don.
Hablamos del yo y sus defensas, y terminamos hablando de nosotros. Porque la escisión —esa que parte el mundo en buenos y malos para poder soportarlo— no es solo de los pacientes: es el aire que respiramos. No es en mí, es en él. Qué alivio tener un culpable. La sospecha se vuelve certeza y dejamos de hacer el esfuerzo, agotador, de entender al otro. La paranoia es eficaz: nos ahorra la espera, la duda, el trabajo de querer.
Quedó dando vueltas una pregunta que no cerramos: ¿qué pasa cuando un vínculo se desparanoiza? No es que llegue la paz. Llega el duelo. Aceptar que el otro no es ni tan perfecto ni tan monstruoso, que puede decepcionarnos sin convertirse en enemigo, que es opaco y sigue ahí. Y, antes que nada, vuelve la risa —nos pasamos la mañana mu***os de la risa, y eso no es un detalle: reírse es la defensa más antigua contra todo esto—. Después, despacio, lo demás: la espera, el don, el compromiso.
Gracias a las que llegaron, de todas las generaciones. Desliza para las tesis de la sesión. ↘
Con Albana Paganini y Paulina Chávez · La Cafebrería, Núñoa.