10/04/2026
Hubo un tiempo en que Venezuela fue tierra de llegada. La migración era tan intensa que uno de cada siete habitantes había nacido en otro país. Vinieron españoles huyendo del franquismo, italianos que cambiaron el Vesubio por el Ávila y portugueses que, con una maleta en la mano, levantaron miles de panaderías que todavía perfuman nuestras calles.
Desde América Latina también llegaron olas enteras de historias: de Chile, cerca de 80 mil personas —muchas de ellas perseguidas políticas—; de Argentina, quienes escapaban de los años más oscuros de su historia; y de Colombia, millones que cruzaron la frontera buscando paz. En los años 80, más de 2 millones de colombianos vivían en Venezuela.
Hasta el Medio Oriente encontró aquí un nuevo hogar. Tanto así que dos presidentes, Carlos Andrés Pérez y Jaime Lusinchi, tenían raíces árabes. Hoy, más de 400 mil venezolanos tienen ascendencia china, y unos 200 mil llevan sangre libanesa o siria.
Hoy, el mapa migratorio se invirtió y millones de venezolanos viven fuera. Pero en la memoria queda claro que Venezuela no se construyó solo con los que nacieron aquí, sino también con todos los que un día llegaron… y decidieron quedarse para siempre.