18/04/2026
Algunos aprendimos que amar es aguantar. Vimos a alguien importante para nosotros quedarse en situaciones difíciles “por amor.” Vimos que quien se iba era el malo de la historia, que poner límites es egoísmo. Y así, esta creencia se instala como verdad. Por eso cuando una relación duele, el cerebro no se pregunta si eso le está haciendo daño. Pregunta si está amando suficiente. Y ahí es donde quedamos atrapadas, porque ese es el guión que nos dieron.
Reconocer que una relación no funciona no borra lo que sentiste. No te convierte en alguien que no sabe amar. Significa que aprendiste a distinguir entre el amor que sientes y el trato que mereces.
La permanencia en una relación tiene condiciones aunque el amor no las tenga. No todo lo que amas tiene acceso a todo de ti. Tu ex puede seguir importándote y ya no tener acceso a tu casa, tu cuerpo, tus secretos, tu tiempo, tu energía. Eso no es dejar de amar. Es regular cuánto espacio ocupa alguien según cómo te trata. Hay personas que amas y con quienes mantienes distancia porque la cercanía te cuesta demasiado. Un familiar, por ejemplo. Lo amas, pero aprendiste que contarle tus cosas te sale caro. Entonces lo amas desde lejos. Eso es ajustar el nivel de intimidad sin borrar el sentimiento.
Y lo mismo aplica al revés: esperar que el otro te ame incondicionalmente no significa que puedas tratarlo mal y pedirle que se quede. Descargarte en alguien cuando estás dolido, ignorarlo, herirlo, y luego decir “es que él también me hirió y solo estoy expresando como me siento” no es una explicación, es pedirle que aguante. Y una persona que te ama de verdad no tiene por qué aguantarlo todo. Tiene derecho a protegerse también. El amor sano no exige resistencia ilimitada de ninguno de los dos lados.
¿Cuándo aprendiste que amar es aguantar todo?