20/04/2026
Hay una forma de ser querida que no se discute.
No porque sea sana, sino porque funciona.
Funciona porque no exige demasiado,
porque no introduce fricción,
porque no obliga al otro a reorganizarse.
Funciona porque eres predecible.
Y en los vínculos, lo predecible tranquiliza más que lo auténtico.
El problema es que esa versión tuya no aparece por elección.
Aparece cuando aprendiste que, si no regulas lo que necesitas,
el vínculo se vuelve inestable.
Entonces ajustas.
Te vuelves más fácil de sostener.
Más fácil de querer.
Pero también más reemplazable.
Y con el tiempo deja de ser una estrategia.
Se vuelve la única forma en la que sabes estar con alguien
sin sentir que lo pones en riesgo.
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