05/06/2026
Hay cirugías que salvan la vida… y también dejan huellas que no siempre se ven.
Hoy volví a ver a una paciente que conozco hace años. De esas personas que uno mira y piensa: ¿cómo puede seguir con ese ánimo, con todo lo que ha vivido en su cuerpo? Cirugías, dolor crónico, procesos largos, cicatrices que no son solo de la piel.
Hace unas semanas la había visto muy mal. Abdomen duro, inflamado, sin movilidad… y algo más difícil de explicar: una sensación de estancamiento profundo, como si el cuerpo no lograra soltar.
Hoy fue distinto.
Volví a trabajar su abdomen y su cicatriz —con respeto, con tiempo, con escucha—. Agujas, masaje Tuina harta ventosa. Estimular zonas que muchas veces quedan “desconectadas” después de una cirugía. Devolver flujo donde hubo corte, adherencia, trauma.
Y el cambio fue evidente: la guatita más blanda, más viva. Me contó que ha estado yendo al baño casi todos los días. Algo tan básico, pero que en estos cuerpos es un logro enorme ( no iba al baño en dos semanas )...
Desde la acupuntura, el abdomen no es solo digestión. Es centro, es movimiento, es integración. Cuando esa zona se estanca, muchas otras cosas empiezan a doler: la espalda, las cervicales, la cabeza.
A veces pensamos que un masaje o unas agujas “no hacen tanto”. Pero en personas con historias corporales complejas, tocar bien puede cambiarlo todo.
Porque no se trata solo de músculos o de órganos. Se trata de devolver movimiento donde hubo trauma. De acompañar un cuerpo que ha pasado por mucho. De ayudarlo, de a poco, a volver a confiar.
No todas las cicatrices duelen… pero muchas siguen hablando.
Y cuando el cuerpo empieza a soltar, se nota y mucho...