17/06/2026
Una joven de 17 años se organiza con su pololo y un compañero del liceo, todos de la misma edad, para asesinar a su mamá. Su mamá, una evangélica activa que se había opuesto al pololeo de ambos. A cambio de $60.000 (60 dólares), el amigo la golpea, le rompe huesos, le lesiona gravemente el cuello y la apuñala decenas de veces hasta matarla. El papá de la niña cuenta después que, además, la mamá la había maltratado física y verbalmente toda su vida. Digámoslo: sin que él hubiera hecho mucho al respecto, al parecer. Qué fácil (y terrible) es decirlo ahora.
Ante un horror de esta envergadura, como siempre, saltan los jueces de redes sociales, encontrando culpables en cualquier parte: las mismas redes sociales que ellos/as usan para juzgar, los videojuegos, las pantallas, la música, etcétera. Por supuesto, sobran los idiotas que apelan a que "falta mano dura" y a decir que los y las niñas y adolescentes son delincuentes que hay que reprimir y castigar. Y cómo no, mis queridos y queridas colegas de la salud mental con sus super diagnósticos y delirios neuronales, como si el problema fuese un asunto individual (la supuesta locura de esos jóvenes) y, en el fondo, biológico.
En fin, más allá de los detalles morbosos que, en realidad, nadie conocerá jamás, lo que entre pares (no hay expertos reales en esto) podemos hacer es sufrir y, luego, pensar en qué de nosotros mismos dice una barbaridad como esta. Y sí: TODOS Y TODAS TENEMOS ALGO QUE VER CON ESTO, PORQUE EL PROBLEMA DE FONDO ES SOCIAL.
La frustración por las promesas incumplidas y la falta de perspectiva de futuro: he ahí el origen de la violencia. Así lo decía nuestra Eterna Silvia Bleichmar. Niños, niñas y adolescentes a quienes les hemos fallado en nuestra promesa de protección, y a quienes les hemos extirpado el futuro relegándolos a la infinita angustia del presente. De un sistema económico que se está cayendo a pedazos (a menos que seas parte del 1% dueño de todo), y donde hasta tu propia hija puede ser tu enemigo. Y cuando ya todo es el caos de hoy, cuando no podemos ni siquiera imaginar un futuro medianamente mejor posible, pasan estas cosas. Porque todo da lo mismo.
Ya está bueno que dejemos de pensar en wuebadas económicas y neuronales y empecemos a preocuparnos de lo único que es realmente importante: la vida cotidiana y el mundo que le estamos ofreciendo a nuestros niños, niñas y adolescentes.
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