Psicólogo Gonzalo Carrère

Psicólogo Gonzalo Carrère Psicólogo Clínico. Orientación psicoanalítica. En este espacio te invito a que pensemos juntos/as ! Psicoterapeuta Profesional de orientación Psicoanalítica.

Fundador y Presidente de Fundación Diferénciate. Especialista en Antipsiquiatría y Psicología Crítica. Psicólogo Profesional, Universidad Alberto Hurtado. Formación escolar completa en Colegio San Ignacio - El Bosque.

12/04/2026

Hablar hoy de "salud mental" es hablar de un mercadito indigno donde personas que dicen que sufren buscan ofertas, rebajas y especialidades a la carta, como si el sufrimiento pudiese efectivamente separarse en temáticas (apego, trauma, narcisismo) y diagnósticos (tea, tdah, tlp); y ofertantes que compiten burdamente prometiendo milagros, supuestas técnicas y cursitos especializados. Todo, por supuesto, hiperdominado por la ideología de que el asunto de fondo es el cerebro, y de que abordarlo es como "arreglar" a cualquier robot.

Ante un panorama tan desolador, y bastante patético, uno se pregunta dónde quedaron las personas. Los seres humanos. El sufrimiento colectivo que se actualiza y reasimila en cada quien, sin jamás dejar de ser colectivo. Dónde quedó la escucha, la escucha sincera y real del otro, no de nosotros mismos a través de la confirmación de nuestro supuesto saber en el otro. No. La escucha del otro, ese gesto mínimo y totalmente necesario para acompañar el sufrimiento de un sujeto complejo, integral y radicalmente social: con historia y contexto. Una historia y contexto que aparece en sus palabras, en lo que dice. Y sobre todo en lo que no sabe que dice.

05/04/2026

Mientras más sabemos acerca del joven que asesinó a una Profesora en Calama, menos sentido cobra el mantra ese que se repite de "falta salud mental en Chile".

Sucede que acá había "salud mental" de sobra. El estudiante llevaba años diagnosticado y en tratamiento, al parecer principalmente farmacológico... como suele pasar. La defensa indica que incluso él, siendo niño, llegó a mencionar que se sentía mal con las pastillas, pero la respuesta fue darle más pastillas... como suele pasar. Además, por todo esto, le acortaron el horario de clases... como suele pasar.

Lo que suele pasar, desde la práctica cotidiana en salud mental, es precisamente eso: acallar, tapar, evadir el conflicto con diagnósticos individualizantes (TEA), dr**as (sertralina y zopiclona) y medidas segregantes (que vaya menos al colegio). El problema no es del resto, es suyo. Y además es biológico. La consecuencia obvia es el retraimiento, tal como pasó con el muchacho: encerrarse en su pieza a ver redes sociales. Y ya sabemos todo lo que puede llegar a pasar con esa dinámica. Este caso es la demostración flagrante.

Uno tras otro, es sistemático, caso tras caso en que una persona atenta contra su vida y/o la de otros, el tratamiento de "salud mental", ese que individualiza los problemas con diagnósticos, y los droga bajo el supuesto de que son problemas biológicos-neuronales, está presente. En todo el mundo occidental. Pueden revisarlo ustedes mismos.

¿Estamos completamente seguros de que esta "salud mental" está siendo un aporte a la sociedad? ¿No será mejor dejar de hablar en lenguaje técnico y ponernos a hablar de lo que ocurre en verdad?

Quizás empezar a poner el acento en la sociedad, en un sistema de "desarrollo" completo que se está desmoronando, puede ser más útil. Y frente a eso no hay expertos, ni profesionales, ni psicólogos, ni neurólogos especialistas: eso está en manos de todos y todas. De tu y yo. Juntos.

31/03/2026

No había podido decir mucho a propósito del horror que vivió este país el viernes pasado, donde un estudiante asesinó a una Profesora en el colegio e hirió a otras y otros. Creo que sigo un poco en shock, así que recién estoy pudiendo elaborar lo que pasó.

Quizás parte del problema gravísimo que estamos viviendo como sociedad sea, justamente, esa rápida capacidad para "reaccionar" mediante todo tipo de juicios culpabilizantes, cuál más estúpido que el otro, ante atrocidades como esta. Culpar al gobierno anterior o al actual, decir que hay que condenar a muerte al joven, gritar "falta mano dura", urgirse por poner detectores de metal en los colegios y toda esa sarta de imbecilidades lo que hacen, en realidad, es esconder, evadir, negar el dolor que un hecho así genera. Y, por supuesto, desentenderse del fracaso absoluto del modelo de “desarrollo” (cada vez más para menos personas) que como sociedad nos hemos dado. Eso es lo que está en el fondo de todo esto.

También surge esa típica queja que suele aparecer en casos así, por más que después se nos olvide: "falta salud mental en Chile". Y sí bueno, cómo negarlo. El punto es a qué nos estamos refiriendo exactamente con eso.

Porque hechos así NO van a evitarse por poner un psiquiatra en cada colegio del país, ni mucho menos si llenamos de aún más psicofármacos a nuestra infancia y juventud (fármacos que, dicho sea de paso, a veces AUMENTAN el riesgo de violencia contra uno mismo y/o los demás). Tampoco garantiza nada repletar los colegios de profesionales profesando aún más diagnósticos, "estrategias de prevención", protocolos y toda esa pseudo-técnica que, en la práctica, no es más que una paranoia desatada sostenida en meras prácticas de control, administración y poder.

Si por “necesitamos más salud mental” estamos entendiendo el típico y aburrido neuro-discurso de moda, tan coherente con el modelo neoliberal que nos rige, que entiende estos fenómenos como problemas individuales y, en el fondo, biológicos, cerebrales, la verdad es que no vamos a sumar nada. Todo lo contrario: vamos a seguir empeorando todo.

Si algún sentido tiene seguir hablando de “salud mental”, el acento debiese ponerse en la falta de tiempo real y objetivo para estar en verdad significativa y tranquilamente con nuestros niños y niñas. En la sobre explotación laboral. En los salarios de mi**da con que los que no tienen dónde meterse más plata se llenan la boca en su discursito sobre “creación de empleos”. En el odio desatado entre pares que profesan a través sus medios de comunicación. En la falta total y absoluta de la más mínima reflexión ética, mientras lo único que se impone es la lógica del individualismo y la competencia. En los barrios completamente desechados donde crecen tantos y tantas niñas. En el total abandono en que se ha dejado a nuestra educación pública y sus profesores: ellos y ellas debiesen ser la prioridad número uno en un país que hable en serio de “salud mental”.

Tomarse en serio la salud mental NO es pedir más psiquiatras, psicólogos, diagnósticos y pastillas. Es, directamente, trabajar juntos, entre pares que padecen un malestar más o menos común, por el fin del capitalismo y construir un sistema de DESARROLLO donde, efectivamente, nos desarrollemos todos y todas en igualdad de condiciones.

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05/03/2026

Está repleto de personas que padecen un sufrimiento de tipo psicótico (que es muy distinto a decir “esa persona ES psicótica”). Lo que pasa es que quedan invisibilizadas, ahora que todo se trata de neurodiagnósticos absolutistas que terminan funcionando como preocupantes etiquetas identitarias. Uno llega a preguntarse si esa verdadera obsesión por calzar en algún diagnóstico y querer ser reconocido a partir de él, no será en realidad una nueva forma de psicopatología. Pero en fin, no quiero hablar de eso ahora.

Lo que quiero decir es que detrás del "soy TEA, soy depresiva, TDAH, neurodiverso" etcétera, muchas veces hay un padecimiento en realidad psicótico. Psicótico en el sentido puro del término.

Una defensa brutal a todo vinculo realmente subjetivante, genuinamente humano, donde los intercambios vayan más allá de la mera utilidad (“si no me sumas, te dejo”). Un individualismo extremo, con una negación radical de la otredad que deriva en permanentes desilusiones sin que ocurra el más mínimo proceso de duelo (“¿no fuiste lo que yo quería o esperaba?, te dejo… o te cancelo… o te funo… o te aplasto”). Una poderosísima disociación entre buenos y malos, donde por supuesto yo siempre soy el bueno y el otro el malo (“yo fui víctima de un narcisista… y de otro… y de otro”). Una desconexión casi absoluta con la realidad: con ese espacio vincular y colectivo que se sostiene intersubjetivamente, donde me desentiendo completamente de mi propia influencia y responsabilidad con lo que pasa (“mi hijo es así porque su cerebro es así”).

En resumen: aquel corte con la realidad y el otro, esa reducción al puro yo y mi mundo interno arcaico, caótico y disociado que proyecto hacia afuera de forma hipermasiva, que es la esencia de la psicosis. ¿No es eso, en el fondo, lo que promueve el neoliberalismo?

Nadie es ajeno al sistema y la psicología, al vivir como rémora de la neuromoda y de la promoción tipo “influencer”, parece haberse subido al carro con entusiasmo y sin juicio crítico alguno.

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El fin de semana, desde Argentina, se viralizó la noticia de los Therian, personas que se identifican con rasgos de anim...
16/02/2026

El fin de semana, desde Argentina, se viralizó la noticia de los Therian, personas que se identifican con rasgos de animales y se comportan como tal en ciertos contextos. Curioso que justo se haya viralizado en medio de las protestas por la desastrosa reforma laboral que allá se está llevando a cabo. Al final, parece que tomar a un grupúsculo ínfimo de personas y, vía algoritimo digital, repetir lo que hacen hasta el infinito en todos lados genera una sensación de urgencia y catástrofe más agradable que la violencia estructural de un sistema despiadado. Pero en fin, qué sabe un psicólogo de esas cosas.

La verdad es que psicóticos, locos, ha habido siempre. Que históricamente mis colegas de la salud mental los hayan rechazado y reprimido violentamente, metiéndoles punzones por el ojo para dividirles el cerebro, dándoles corriente en la va**na, encerrándolos en psiquiátricos de por vida y/o drogándolos hasta convertirlos en zombies, no quiere decir que no hayan existido. La diferencia es que ahora, gracias al mismo algoritmo, es más fácil verlos.

Hemos sido terribles con la locura, todo profesional medianamente decente de la salud mental debiese saberlo y pensar en eso antes de condenar y diagnosticar a raja tabla como psicóticos, enfermos o locos a todas las personas que se autodenominen Therians. Un mínimo minimísimo de humildad, respeto humano y responsabilidad no nos vendría mal. Sin embargo he visto decenas de comentarios de colegas "asustados por la salud mental" de estas personas, alarmando a madres, padres y colegios y entregando supuestas recetas para evitarlo.

Personalmente no creo que todas esas personas disfrazadas de perro o lobo sean locas. Probablemente la mayoría está ahí más por una moda pasajera, o porque realmente les gusta jugar un rato a eso, o por la natural necesidad de formar parte de algún grupo, que por algún trastorno mental. Luego madurarán y pasarán a otra cosa. Todos en la adolescencia pasamos por alguna identificación de ese tipo y crecimos marcados por esa experiencia, para bien y para mal. Así que de entrada todo bien, hay que tomarse lo Therian con calma y tratar de escuchar qué de nosotros dice ese pequeño fenómeno, en vez de andar juzgando personas en abstracto.

Cuando hacemos ese ejercicio básico (pensar) lo que aparece, mucho antes que supuestos cuadros psicóticos diagnosticados a través de un viral de redes sociales, es un sistema económico (neoliberal) que lleva décadas esmerándose en adoctrinarnos en un individualismo extremo, bajo la idea de que cualquier cosa que se me ocurra, por más absurda que sea, es válida: y ofreciendo un mercado para que la desarrolle.

Si pueden vender disfraces de perros y lobos, marquetear un concepto alrededor de eso que incluya convenciones, monos animados, series de televisión, juegos de play, películas, etcétera: "QUE SE CREAN PERROS ! Da lo mismo lo que pase, no importa, tu vende no más, vende". Si pueden, incluso, vender el "derecho" a aullar como lobo lo van a hacer, que no les quepa duda, y no les va a importar en absoluto si algunas de las personas absorbidas por ese mercado están sufriendo y se dañan o hacen daño.

Pedirle después a nuestra juventud que no agarre eso y se comporte en coherencia, y tildarlos a todos de "enfermos mentales", es de una hipocresía supina que oculta, una vez más, el eterno maltrato a la infancia del cual tanto hemos hablado en este muro.

Porque el neoliberalismo es, al final, la psicosis vuelta normalidad.

14/02/2026

Hablar del amor, y dedicarle un día, es estúpido. Porque es el amor el que hablará de nosotros dia tras día. Querámoslo o no, y aunque tengamos al capitalismo completo tratando de evitarlo e ir en contra. O convirtiéndolo en otro productito más del mercado, que es lo mismo. El amor es nuestra resistencia, como dijo Muse en una canción extraordinaria. Sí, pero porque en el fondo es nuestra esperanza. La única. El amor es lo posible dentro de una realidad tan miserable. Tan miserable que vende porquerías como "el amor propio", como si eso fuera amor. Justamente porque eso no existe es que el amor seguirá hablando por nosotros, día tras día, y tocara a quien se deje realmente tocar por él. Es decir, por otro que también lo permitió.

El amor es un vínculo, un lazo, una relación que produce a las partes. Nadie ama si no es amado, y nadie es amado si no ama. El amor es radicalmente colectivo, diametralmente opuesto a cualquier forma de individualidad. Porque el amor es el agua donde nos movemos. No permitamos que la sigan contaminando. No cedamos nuestro intelecto y nuestros afectos ante esa toxina. Dejémonos empapar por él, porque sólo así podremos tener alguna vez el mundo que realmente el amor merece. El que tu y yo nos merecemos.

05/02/2026

Hoy la gente pide psicólogos a la carta: "quiero un psicólogo de orientación tanto, especialista en tal, con formación en cual, que tenga experiencia en bla bla bla". Tal como se pide un plato en un restorán. Es bastante ridículo en realidad, pero por supuesto que no es culpa de la gente. Es el efecto directo de esa ilusión de tecnicismo y objetividad con que los y las profesionales del área venden la salud mental. Todo al alero del holding farmacéutico transnacional, por cierto. Pero en fin.

Que el sistema esté esmerado en hacer que nos concibamos como robots no quiere decir que el buen psicoterapeuta sea quien le hace juego a eso. Yo diría que, de hecho, eso puede ser peor. Pero quién soy yo para juzgar a un/a colega. La verdad es que el conflicto psicológico no se puede reducir a un montón de formulitas, etiquetas, técnicas y pastillas. No es como arreglar un computador que si no tiene arreglo se bota. Preguntarle a ChatGpt NO es hacer terapia. Y si la salud mental se comporta como una IA entonces lo que se ha hecho es, efectivamente, abandonar la clínica.

La clínica. Ese uno a uno. Esa consulta que siempre ha dependido más del voz a voz, de la experiencia misma, del "a mí me fue bien (o mal) con él" que de los titulitos, diplomitas, videítos taquilleros y neuro-parafernalias de moda. Ese cada caso en particular que invita a ESCUCHAR. No a aplicar: primero a ESCUCHAR. Su historia, su contexto, el campo de relaciones en que se mueve. A escuchar al otro en verdad, no a hacer del otro un manto para confirmar mis teorías, pseudotécnicas y hacerlo calzar en mis ideologías. Por más disfrazadas de "ciencia" que estén. Y a sentir, complicarse, angustiarse, a no saber de inmediato qué hacer ni qué decir. A contener. A dar lugar a lo único y exclusivo de cada quien. A hacer clínica.

02/02/2026

Ahora pusieron de moda eso de "tengo pensamientos intrusivos". Por supuesto, un análisis medianamente riguroso sobre cómo se despliega esa modita en la cotidianidad demuestra, fácilmente, que no es más que otra idiotez masificada por "influencers" de la salud mental. Es muy preocupante cómo cada vez más la salud mental funciona según la lógica del "influencer", del videíto taquillero por sobre el contenido real, del ChatGPT y todo eso, pero eso da para otro comentario.

Lo que quiero decir ahora es que eso de la "idea intrusiva", en el fondo, viene de esa lógica del mercado NEURO: somos una cosa a la que le pasan cosas que vienen de afuera, desde algún tipo de exterioridad. Una suerte de degradación patética del cartesianismo: un sujeto, que en verdad es un objeto (un cuerpo mecánico, un robot), al que "le llegan" cosas como neurotransmisores... o ideas intrusas, que le afectan. Y por supuesto, la evidente reacción: "sáquenmela", "apáguenla", "regúlenla" con alguna droga o consejo ridículo tipo IA. La banalización absoluta de lo realmente humano y su infinita complejidad.

Lo único cierto es que esas famosas "ideas o pensamientos intrusivos" no vienen de afuera. Algo dicen de nosotros mismos porque son, también, nosotros mismos. Así que en vez de empezar a etiquetar, drogar y aconsejar sobre esos pensamientos, mejor empezamos a ESCUCHARLOS. Los SERES HUMANOS SOMOS CONFLICTO: tenemos ideas contrapuestas, contradicciones, cosas que no resuelven, virtudes y defectos, ideas y sentimientos inmorales que chocan con otras partes morales de nosotros. Sujetos que aman, odian, que son solidarios y también pueden ser vengativos. Sentimos envidia y celos, somos individualistas y también tenemos una bellísima capacidad de poner los intereses de otros por sobre los nuestros. Esa es la realidad. Así de caótica y al mismo tiempo hermosa. Con eso tenemos que ver cómo hacemos. Y sobre eso, simplemente, no hay expertos ni soluciones simples.

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01/01/2026

Que este 2026 quienes trabajamos en Salud Mental nos preocupemos menos de cerebros y más de seres humanos. Menos de diagnósticos y más del momento y su contexto. Menos de pastillas y más de afectos y palabras. Menos de decir y más de escuchar. Menos de las técnicas y fórmulas y más de la ética y la ternura.

¿Quieres salvar a tu chica o a toda la humanidad? Es la pregunta con la que nos deja el último capítulo de la, por lejos...
24/12/2025

¿Quieres salvar a tu chica o a toda la humanidad? Es la pregunta con la que nos deja el último capítulo de la, por lejos, mejor serie del año.

¿Y si al final fuera lo mismo? ¿Y si la dicotomia individuo/sociedad fuese una falsa dicotomia? ¿Y si morir de amor por alguien fuese, al mismo tiempo, morir de amor por todos y todas? Que placer más grande poder ver una Obra de Arte que nos confronte. Que no resuelva. Que nos haga sentir y pensar. Y que nos muestre que al final es lo mismo. En estos tiempos es una revolución.

Curioso, muy curioso, aunque quizás para nada casual, que la serie nos deje con estas preguntas hoy, justo hoy, el dia de la Navidad. Ahí cuando nace el que murió por amor a todos y todas.

Debemos agradecer, sinceramente, haber nacido en la misma época que Vince Gilligan. Qué mejor regalo de Navidad.

Felices fiestas !

21/12/2025

En salud mental hay personas a las que, simplemente, no les gusta el enfoque neurológico (hace 10 años habríamos dicho "enfoque psiquiátrico"), basado en diagnósticos y fármacos. Por ende, se niegan a entrar en esa dinámica. Y negarse a eso no es lo mismo que negarse al tratamiento de un cáncer, por ejemplo: nadie se muere de TEA, ansiedad, depresión, etcétera. Así es que, en estricto rigor, no debiese haber mayor problema con no querer entrar en el enfoque neurológico, mientras se tome alguna otra medida seria para abordar el problema.

Por eso no es tan simple imponer "por protocolo" que alguien debe adherir a un diagnóstico y tomar fármacos. Por ejemplo, dejar paquetes de fármacos al lado de un adolescente con ideación suicida y una madre que, en realidad, no quiere darle fármacos y, por ende, no necesariamente será todo lo responsable que hay que ser en la administración de esas dr**as, es un riesgo. No sólo por el hecho de que el muchacho puede hacer un intento de suicidio via sobredosis al no tener la debida supervisión, sino por cosas más rudimentarias como que hay que monitorear en serio cómo le estan afectando las pastillas (¿qué cambios tuvo, le afectan al estómago, subidas de peso?) o como que no ser frecuente y constante con las dosis puede empeorar todo. Ambas cosas pueden aumentar la ideación suicida, generar comportamientos impulsivos, producir psicosis y en fin... un sin fin de síntomas nuevos.

Por eso el juicio clínico en salud mental debiese ser extremadamente más relevante que cualquier protocolo o medida estandarizada y/o aplicada en abstracto. Porque el material clínico es, antes que cualquier teoría, lo que reporta el paciente y su contexto. Y por eso, sobre todo, DEJAR DE ESCUCHAR y pensar que nos relacionamos con cerebros con patas antes que con personas es la gran catástrofe de nuestro campo.

17/12/2025

Hay varios y varias "influencers" que, bajo el título de psicólogo clínico, están diciendo de diferentes formas en sus redes que "ser de izquierda" es sinónimo de buena práctica clínica.

Eso podrá ser muy taquillero para ganar likes en cierto mercado progresista, pero es una evidente tontera. Basta con preguntarles "qué es ser de izquierda" para que su simpáticos y bellos videitos y memes se caigan. Porque sucede que esa pregunta ni en la izquierda está resuelta. ¿Ser de izquierda es votar por la candidata que perdió? ¿Es creer que la social democracia, como acá la conocemos, es la izquierda? Unos podrán decir que sí, otros (quizás más suspicaces) que no. ¿Ser de izquierda es apoyar a Cuba? ¿Organizarse y salir a protestar a las calles? No es tan simple. No basta con decir "ser" de izquierda.

El punto es ese: el "ser" ("ser" de izquierda, "ser" TEA, "ser" un influencer que busca llamar la atención, etcétera) en ningún ambito es un objeto/discurso/acción fija y cerrada. De hecho, pensar que el "ser" es algo que está resuelto o por resolver es lo menos psicoterapeutico que puede existir. Es muy grave cómo a los y las psicólogas llevan años formándonos tanto en todos esos delirios neuroalgo y tan pero tan poco, y cada vez menos, en filosofía.

La clínica se puede entender de muchas formas, por cierto. Yo creo que la psicoterapia es el lugar de la contradicción. Mutua, tanto del paciente como del terapeuta, y la q surge del vínculo entre ambos. Y si algo se puede obtener de una psicoterapia es, simplemente, aprender a vivir más o menos bien con esa contradicción, con eso que no resuelve, con lo que no cuaja. Con eso que nunca termina de ser.

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