20/05/2026
Siempre me ha parecido extraño creernos dueños del cambio.
Los psicólogos hacen estudios sobre sus casos exitosos sin pensar que no son los únicos protagonistas del cambio en su consultante.
En las relaciones vemos que el otro cambia y, de una, nos lo tomamos personal. Nos adjudicamos cualquier movimiento distinto que aparezca en la vida de la otra persona.
Nos hacemos cirugías, le metemos cuchillo a nuestro cuerpo y a nuestra cara intentando detener el tiempo, creyendo que podemos cambiar solo como nuestra expectativa espera.
Así que, ante cartas como La Rueda, descanso en la idea de que nunca hemos sido dueñas de ningún cambio, así como tampoco de ningún cuerpo o tiempo, aunque intentemos luchar una y otra vez por lograrlo.
En el capítulo con , nos muestra el tiempo de otra manera: el futuro detrás, como algo que no vemos, que no nos pertenece; y el pasado al frente, como memoria, como esa posibilidad de recuerdo que me permite saber qué tengo delante.
Me enamoré de esta idea. La siento alejada de esta agonía de posesión y más dada a la honra de nuestra memoria y recuerdo. Siempre he sentido que la memoria es portal: la posibilidad de retomar un sentir importante y vivirlo en infinitas posibilidades del tiempo.
Gracias, Adri, por este hermoso capítulo ✨