17/02/2026
En estos días, con el caso de Lily Phillips, hemos visto muchas opiniones, críticas y exigencias inmediatas, como si una conversión tuviera que verse perfecta desde el primer momento. Pero la verdad es que no sabemos nada de su proceso… y los procesos no se apresuran.
Esto no es tan distinto a lo que ocurre en terapia. Nadie sana de un día para otro. Nadie cambia de raíz en una sola sesión. El crecimiento —espiritual o emocional— necesita tiempo, paciencia y acompañamiento, no juicio.
Pasa ahora y ha pasado siempre.
En una de sus cartas, Pablo le recordaba a la iglesia de Corinto algo fundamental:
no se puede exigir madurez espiritual a quien apenas está comenzando. La fe también es proceso.
Tal vez hoy la invitación es esa:
aprender a mirar los procesos ajenos (y propios) con más misericordia, más paciencia y menos prisa.