10/09/2026
Hay días en los que la vida golpea fuerte. Una pérdida, un rechazo, una decepción. Y con eso llega la tristeza, el enojo, el miedo. Eso es dolor primario.
Es la respuesta natural y humana a lo que nos pasa. No lo elegimos, no lo podemos evitar, y tampoco deberíamos intentar hacerlo.
El problema aparece cuando, encima de ese dolor, le sumamos otra capa: la del juicio.
Nos decimos cosas como:
"No debería sentirme así"
"Debo ser un mal cristiano por sentir ésto"
"Debería poder controlar lo que pienso y siento"
Este es el dolor secundario. No lo que sentimos, sino lo que nos decimos acerca de lo que sentimos.
La próxima vez que algo te duela, probá hacerte dos preguntas:
1. ¿Qué estoy sintiendo?
“Estoy triste.”
“Estoy enojado.”
“Estoy asustado.”
2. ¿Qué me estoy diciendo sobre sentirme así?
“No debería estar así.”
“Soy débil por sentir esto.”
“¿Qué clase de cristiano soy”
La primera respuesta es dolor primario.
La segunda puede estar agregando dolor secundario.
Aunque NO podemos librarnos del dolor primario, sí podemos aprender a no alimentar el secundario.
No puedes dejar de sentir lo que sientes, pero puedes dejar de castigarte por sentirlo.
¿Cuál es esa frase que más se repite en tu cabeza cuando algo te duele?
___________________________________________________________________________________
Si deseas recibir directamente las publicaciones le invito a unirte al canal de WhatsApp usando el siguiente link.
https://whatsapp.com/channel/0029VaUuMQfDuMRhLn12OK3G