15/09/2026
Una frase que escucho casi todos los días en consulta es: “Doctora, me molestan estos surcos”. Pero muchas veces, el problema no empieza ahí.
Quiero que hagas este ejercicio conmigo. Coloca dos dedos sobre tus pómulos y eleva suavemente la mejilla hacia arriba. ¿Notas cómo la ojera se suaviza? ¿Cómo el surco disminuye? ¿Y cómo, de repente, el rostro se ve un poco más descansado?
Esto nos demuestra algo muy importante: muchas veces el problema no está en el surco, sino mucho más arriba.
El envejecimiento no ocurre solamente en la piel. También se producen cambios en las estructuras profundas que le dan soporte al rostro.
El tercio medio facial, que comprende principalmente la zona de los pómulos y las mejillas, es una de las áreas donde empezamos a notar pérdida de soporte con el paso del tiempo.
Cuando ese soporte disminuye, comienzan a aparecer cambios que muchas personas atribuyen únicamente a los surcos: los pómulos pierden definición, las ojeras se hacen más evidentes, los surcos nasogenianos se profundizan y el rostro puede adquirir una apariencia más cansada.
Por eso, antes de tratar directamente un surco, debemos entender qué está ocurriendo en el tercio medio del rostro.
Dependiendo de las necesidades de cada paciente, podemos utilizar diferentes herramientas, como bioestimuladores, ácido hialurónico o tecnologías, dentro de un plan que también tenga en cuenta la calidad de la piel.
Cuando entendemos cómo envejece el tercio medio facial, dejamos de enfocarnos únicamente en lo que vemos y empezamos a tratar el origen de esos cambios.
Porque los mejores resultados en dermatología estética no consisten en ocultar el envejecimiento, sino en comprenderlo y tratarlo de manera integral.
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