El aquí y el ahora

El aquí y el ahora Somos un espacio de divulgación académica y atención psicológica desde la psicología humanista y terapia Gestalt.

Compartimos conocimiento aplicado para el crecimiento, el bienestar emocional y el desarrollo personal.

Erving Polster y Miriam Polster fueron dos de las figuras más influyentes en la evolución de la terapia Gestalt después ...
23/05/2026

Erving Polster y Miriam Polster fueron dos de las figuras más influyentes en la evolución de la terapia Gestalt después de Fritz Perls. Su trabajo ayudó a transformar una terapia conocida por su intensidad confrontativa en una propuesta profundamente humana, relacional y sensible al sufrimiento emocional.

Mientras muchas personas asociaban la Gestalt únicamente con confrontación, catarsis o técnicas impactantes, los Polster recordaron que el ser humano sana en el contacto auténtico. Comprendieron que detrás de cada síntoma existe una historia, una necesidad interrumpida, una emoción congelada o una forma de adaptación construida para sobrevivir.

Su aporte fue enorme porque llevaron la atención no solo al “darse cuenta”, sino también al vínculo. Para ellos, la relación terapéutica era parte fundamental del proceso de transformación. El terapeuta no debía colocarse por encima del paciente como alguien que “sabe”, sino estar presente como un ser humano capaz de acompañar, escuchar y entrar en contacto real.

También ampliaron la comprensión del self dentro de la Gestalt. Observaron cómo muchas personas viven fragmentadas entre distintas partes internas, como el que complace, el que controla, el que teme, el que calla, el que aparenta fortaleza mientras por dentro se siente vacío. Su trabajo buscaba integrar esas polaridades para recuperar una sensación más auténtica y organísmica del ser.

Otro de sus grandes aportes fue el trabajo grupal y relacional. Entendían los grupos como espacios vivos donde aparecen las formas reales de vincularse, amar, evitar, controlar o esconderse. Allí el individuo podía verse reflejado en los otros y ampliar su conciencia.

Gracias a los Polster, la terapia Gestalt se volvió más madura, más sensible al trauma, al apego y a la profundidad emocional. Nos recordaron que sanar no es convertirse en alguien perfecto, sino recuperar la capacidad de estar presentes, sentir plenamente y entrar en contacto verdadero con la vida.

A veces creemos que evitamos algo para protegernos. Evitamos conversaciones incómodas, emociones, decisiones, recuerdos ...
22/05/2026

A veces creemos que evitamos algo para protegernos. Evitamos conversaciones incómodas, emociones, decisiones, recuerdos dolorosos o vínculos que nos confrontan y ello no desaparece, permanece activo en el fondo de nuestra experiencia, buscando completarse. Lo evitado se transforma en tensión, ansiedad, irritabilidad, agotamiento, síntomas físicos o patrones repetitivos.

Muchas personas dicen “ya superé eso”, mientras su cuerpo sigue apretado, su respiración contenida y sus relaciones atravesadas por el mismo conflicto una y otra vez. No basta con pensar algo racionalmente. Lo que no se vive conscientemente queda inconcluso. Y lo inconcluso se repite.

Evitar también puede convertirse en una forma de anestesia emocional. Algunas personas se llenan de trabajo, otras de ruido, redes sociales, productividad, espiritualidad, relaciones o incluso terapia intelectualizada para no sentir lo que realmente ocurre dentro de sí. Pero cuanto más se huye de una emoción, más energía consume sostener esa huida.

El problema no suele ser la emoción en sí, sino la interrupción del contacto con ella. El miedo reprimido no desaparece, se convierte en control. La tristeza negada se vuelve vacío. La rabia evitada aparece como pasividad, resentimiento o somatización. Lo que no se expresa, el cuerpo muchas veces lo actúa.

Perls insistía en que la neurosis nace cuando nos alejamos de nuestra experiencia presente. Cuando dejamos de habitar lo que sentimos para refugiarnos en explicaciones, fantasías o mecanismos de evitación. Y paradójicamente, aquello de lo que escapamos termina organizando nuestra vida desde las sombras.

Por eso, en TG no se trata de “eliminar” emociones incómodas, sino de ampliar la capacidad de sostenerlas conscientemente. Mirar aquello que evitamos. Darle voz. Reconocer cómo vive en el cuerpo, en la respiración, en la postura, en los vínculos y en nuestras elecciones cotidianas.

Porque muchas veces, el sufrimiento no proviene de sentir… sino del esfuerzo constante por no sentir.

Y cuando finalmente dejamos de huir, algo comienza a aflojarse dentro. Lo evitado pierde fuerza cuando deja de ser negado y puede ser integrado en la experiencia.

21/05/2026

Elegí la Terapia Gestalt mucho antes de entenderla completamente. Surgió en los primeros semestres de la universidad, casi como una intuición difícil de explicar. En ese momento yo creía que toda psicoterapia era esencialmente psicoanalítica. Y aunque el psicoanálisis me maravilló desde su profundidad simbólica, su lectura del inconsciente, su manera de comprender la historia humana, había algo en mí que no terminaba de encajar del todo. Sentía que faltaba vida, presencia, contacto. Como si muchas veces la comprensión llegara, pero el cuerpo y la experiencia siguieran quedándose atrás.

Cuando conocí la Terapia Gestalt, algo resonó inmediatamente con mi forma de ver el mundo. No solo como modelo terapéutico, sino como manera de habitar la existencia. Me encontré con una corriente que no buscaba únicamente interpretar al ser humano, sino ayudarlo a darse cuenta de cómo vive, cómo siente, cómo evita, cómo se fragmenta y cómo puede volver a encontrarse consigo mismo en el aquí y ahora.

La Gestalt me enseñó que muchas veces el sufrimiento no está solamente en el pasado, sino en la interrupción del contacto con la experiencia presente. Y eso cambió mi forma de comprender la clínica. Descubrí una terapia fenomenológica, interesada no tanto en explicar al otro, sino en observar cómo aparece su experiencia en el momento presente. Cómo respira, cómo calla, cómo desvía la mirada, cómo se contrae el cuerpo cuando toca ciertos temas. Una terapia que no reduce a las personas a diagnósticos, sino que intenta comprender el significado singular de lo que viven.

También encontré una mirada profundamente existencial. La Gestalt no promete eliminar la incertidumbre humana, sino acompañar a las personas a sostenerse con mayor autenticidad frente a ella. Habla de responsabilidad, libertad, elección, vacío, encuentro y sentido. Y quizás eso fue lo que más me atravesó, y es entender que sanar no siempre significa dejar de sentir dolor, sino poder vivir con mayor conciencia y presencia.

Además, me impactó su técnica. La Terapia Gestalt tiene algo directo, vivo y profundamente experiencial. No se queda únicamente en la narrativa intelectual; busca que la persona experimente aquello que dice. Por eso sus intervenciones suelen ser rápidas, precisas y movilizadoras. Los experimentos gestálticos permiten que alguien vea en tiempo real cómo interrumpe sus necesidades, cómo se aleja de sí mismo o cómo sostiene formas de sufrimiento que ya no necesita. No desde la imposición, sino desde el darse cuenta.

Con el tiempo comprendí que no elegí la Gestalt solo por una teoría. La elegí porque se parecía a la manera en que yo entendía el encuentro humano. Porque confiaba en la presencia antes que en el personaje técnico. Porque veía valor en lo espontáneo, en lo auténtico y en lo que emerge entre dos personas cuando realmente hay contacto.
Más que aprender una corriente psicológica, sentí que estaba encontrando una forma de mirar la vida.

Vivimos atrapados entre dos dimensiones, lo obvio y lo imaginario. La primera pertenece al contacto directo con la exper...
20/05/2026

Vivimos atrapados entre dos dimensiones, lo obvio y lo imaginario. La primera pertenece al contacto directo con la experiencia; la segunda, a las interpretaciones, fantasías, anticipaciones y narrativas que construimos sobre aquello que ocurre. Gran parte del sufrimiento no surge de la realidad inmediata, sino lo que imaginamos.

Lo obvio suele ser simple, concreto y evidente. Es percibida por los órganos de los sentidos y no necesita demasiada explicación. Sin embargo, muchos viven desconectados de ello porque fueron educados para interpretar antes que sentir.

Entonces aparece lo imaginario. La mente llena vacíos, completa escenas, inventa intenciones y fabrica conclusiones. Una persona no responde un mensaje y la imaginación construye abandono. Una mirada seria se transforma en rechazo. Un error se convierte en fracaso total. El ser humano no sólo vive lo que sucede, sino también aquello que supone, teme o proyecta. Y muchas veces reacciona más intensamente frente a sus fantasías que frente a la realidad misma.

La Gestalt observa este fenómeno con profundidad clínica. Perls señalaba que el neurótico abandona el presente porque queda atrapado entre el pasado inconcluso y la anticipación ansiosa del futuro. La persona deja de relacionarse con lo que realmente ocurre y comienza a relacionarse con sus interpretaciones. Allí nacen muchas formas de ansiedad, paranoia afectiva, resentimiento y sufrimiento.

El trabajo terapéutico consiste en regresar a lo evidente. No para negar la imaginación que también es creativa y necesaria, sino para diferenciarla de los hechos. La pregunta clínica no es “¿qué piensas que pasa?”, sino “¿qué está ocurriendo ahora mismo en ti?”. La atención vuelve al cuerpo, a la emoción, a la respiración y al vínculo presente.

Muchas veces, cuando el paciente logra habitar lo obvio, descubre que gran parte de su angustia provenía de escenarios que nunca ocurrieron. La TG no busca destruir la imaginación, sino evitar que gobierne la existencia. Porque cuando el ser humano abandona el contacto con lo evidente, termina viviendo más dentro de sus fantasías que dentro de su propia vida.

17/05/2026

Siento el impulso de abrir un debate académico, clínico y respetuoso en vivo, en modalidad virtual, desde las diferentes corrientes de la psicología: Psicoanálisis, Conductismo, Cognitivismo y Humanismo.

La intención no es competir ni desacreditar, sino compartir perspectivas, aclarar conceptos y debatir con fundamento teórico y experiencia clínica.

Creo que la psicología se enriquece cuando las diferencias pueden dialogarse con apertura, profundidad y respeto. No para pelearnos, sino para ampliar la mirada y comprender la complejidad humana desde distintos enfoques.

Quienes estén interesados en participar desde una postura seria, ética y reflexiva, serán bienvenidos.

Recibimos opiniones y si encontramos profesionales calificados en cada enfoque lo hacemos. Incluso, podemos hacer un podcast o un Live.

Fritz Perls fué un terapeuta incómodo para su época. Su personalidad desafiante, provocadora e inconforme rompió con los...
16/05/2026

Fritz Perls fué un terapeuta incómodo para su época. Su personalidad desafiante, provocadora e inconforme rompió con los modelos rígidos del psicoanálisis tradicional y abrió el camino a una nueva manera de comprender al ser humano. Donde muchos terapeutas buscaban interpretar al paciente, Perls decidió confrontar directamente la experiencia viva del presente.

Formado inicialmente dentro del psicoanálisis, comenzó a cuestionar la intelectualización de los procesos terapéuticos. Consideraba que muchas personas se refugiaban en las explicaciones para evitar sentir realmente lo que ocurría dentro de sí mismas. Por eso confrontaba, interrumpía discursos mecánicos y llevaba al paciente a experimentar aquello que decía. Su estilo era incómodo para algunos, incluso polémico, pero justamente allí residía parte de su potencia terapéutica. Sacudir automatismos y romper máscaras.

Su personalidad estaba marcada por un fuerte espíritu contracultural. Rechazaba la autoridad rígida, las estructuras excesivamente normativas y las relaciones terapéuticas verticales. Propuso un encuentro humano auténtico, donde el profesional también estuviera presente como persona. Esta visión influyó profundamente en el surgimiento de la TG, una corriente que prioriza el darse cuenta, la responsabilidad personal y la autenticidad.

Su estilo retador también impulsó cambios en la manera de entender el cuerpo dentro de la psicoterapia. Perls observaba los gestos, la respiración, la postura y las tensiones musculares como expresiones directas de conflictos emocionales. De esta manera integró lo corporal, lo emocional y lo verbal en un mismo proceso terapéutico, alejándose de los enfoques puramente racionales.

Aunque fue criticado por su intensidad y confrontación, su impacto resultó innegable y marcó una tendencia psicoterapéutica porque se atrevió a cuestionar paradigmas establecidos y a defender una terapia más viva, experiencial y humana. Su rebeldía abrió espacio para que la psicoterapia dejara de centrarse únicamente en explicar el pasado y comenzara también a enfocarse en la conciencia del presente, el contacto genuino y la autenticidad del ser.

Uno de los mayores riesgos en psicoterapia aparece cuando la ansiedad del terapeuta comienza a ocupar más espacio que el...
14/05/2026

Uno de los mayores riesgos en psicoterapia aparece cuando la ansiedad del terapeuta comienza a ocupar más espacio que el propio proceso del paciente. Esto suele suceder cuando el terapeuta y muchas veces el paciente necesita ver resultados rápidos, cambios visibles o transformaciones inmediatas para sentir que el trabajo está funcionando. Entonces la terapia se convierte en una carrera contra el síntoma.

Muchos pacientes continúan repitiendo vínculos, decisiones o conductas que racionalmente saben que les hacen daño. Vuelven con la misma pareja, recaen en hábitos destructivos, sostienen trabajos que los enferman o continúan evitando aquello que necesitan enfrentar. Y aunque desde afuera parezca simple “dejar de hacerlo”, la repetición casi siempre expresa necesidades afectivas no reconocidas, lealtades inconscientes, miedo al vacío, culpa, dependencia o formas antiguas de supervivencia emocional.

Cuando el terapeuta no tolera el ritmo del proceso, puede empezar a presionar sutilmente al paciente para que cambie con interpretaciones apresuradas, "consejos", confrontaciones o decepción. Y, el paciente comienza sentirse evaluado, corregido o insuficiente.

El síntoma no se elimina a la fuerza ni se corrige; se comprende. La repetición no se combate únicamente desde la voluntad, sino desde la ampliación de conciencia. Muchas veces el paciente todavía no quiere soltar aquello que lo hace sufrir porque una parte de sí mismo sigue necesitando de esa experiencia, aunque le genere dolor.

La ansiedad del terapeuta también puede surgir de su propia historia personal. Tal vez no soporta ver pasividad, dependencia o indecisión porque son aspectos que rechaza de sí mismo. Entonces intenta “salvar” al paciente de algo que en realidad le resulta intolerable dentro de su propio mundo interno.

Acompañar terapéuticamente requiere paciencia, presencia y confianza en los tiempos organísmicos de cada persona. Hay procesos que avanzan rápido y otros que necesitan rodear muchas veces el mismo lugar antes de producir una transformación auténtica. A veces repetir también es parte del camino hacia el darse cuenta.

Este libro representa una de las elaboraciones más profundas y maduras de la TG. Más que un texto teórico, es una revisi...
13/05/2026

Este libro representa una de las elaboraciones más profundas y maduras de la TG. Más que un texto teórico, es una revisión crítica, experiencial y filosófica de lo que significa realmente hacer psicoterapia gestáltica. Este libro marca el paso entre “usar técnicas” y comenzar verdaderamente a pensar y habitar la Gestalt.

Naranjo recupera la esencia original desarrollada por Perls, y, al mismo tiempo la amplía hacia otras dimensiones. La vieja Gestalt está vinculada al impulso inicial, confrontativo y disruptivo de Perls; la novísima, más integrada con la compasión, la conciencia y la profundidad del encuentro humano.

Uno de los aportes conceptuales más importantes del libro es recordar que la TG no puede reducirse a las técnicas. Es ante todo, una manera de comprender al ser humano y su forma de interrumpirse, con los otros y con el mundo. Naranjo insiste en que el terapeuta no trabaja sobre el paciente, sino desde una presencia auténtica que favorece el darse cuenta.

También se profundiza en la dimensión ética del terapeuta. La calidad de la intervención depende del nivel de conciencia del propio terapeuta. No basta con conocer teoría; es necesario atravesar procesos personales, reconocer las propias máscaras, mecanismos neuróticos y zonas evitadas. El libro plantea que el principal instrumento terapéutico es el contacto.

Otro aspecto esencial es la integración entre cuerpo, emoción, pensamiento y espiritualidad. Naranjo critica las psicoterapias excesivamente intelectuales y reivindica una comprensión más viva y organísmica de la experiencia humana. La neurosis aparece entonces como una pérdida de espontaneidad y autenticidad, mientras que el trabajo terapéutico apunta a recuperar presencia y capacidad de contacto.

Para todo terapeuta gestáltico, esta obra es fundamental porque ofrece profundidad conceptual sin perder el carácter experiencial de la Gestalt. Leerla implica confrontarse también con la propia forma de estar en el mundo y comprender que la psicoterapia no es únicamente una profesión, sino una práctica de conciencia.

Puedes adquirir el libro en el siguiente link: https://www.buscalibre.com.co/libro-la-vieja-y-novisima-gestalt/9788489333321/p/1062509?afiliado=b1f45bc90a00c33355e8

La responsabilidad es la capacidad de reconocer cómo participamos en los resultados de los campos de interacción donde e...
11/05/2026

La responsabilidad es la capacidad de reconocer cómo participamos en los resultados de los campos de interacción donde existimos.

Estamos en constante interacción con el ambiente. Todo lo que vivimos ocurre en relación con otros, contextos, historias, emociones y situaciones. Y aunque no controlamos todo lo que sucede, sí podemos darnos cuenta de cómo respondemos a lo que sucede.

Ser responsable implica dejar de vivir en automático. Es reconocer que repetimos patrones, permanecemos en vínculos que nos dañan, callamos lo que sentimos o esperamos que otros resuelvan nuestras necesidades. Y aunque esas formas pudieron tener sentido en un momento de nuestra historia, continuar repitiéndolas sin conciencia nos aleja de nosotros mismos.

La responsabilidad comienza cuando dejamos de preguntarnos “¿por qué me pasa esto?” y empezamos a preguntarnos “¿cómo participo en lo que me sucede?”. Esa pregunta no busca culpabilizar, sino ampliar el continuum de conciencia, porque allí es donde aparece posibilidad de transformación.

Ser uno mismo requiere asumir nuestros deseos, emociones, límites y necesidades sin esconderlos detrás de máscaras, complacencias o personajes construidos para ser aceptados. Muchas personas vivimos adaptándonos tanto al entorno que terminamos perdiendo contacto con lo que realmente sentimos. Entonces aparecen síntomas, ansiedad, depresión, vacío, frustración o desconexión. Desde la TG, el síntoma es una señal de que algo en nosotros está siendo negado o interrumpido.

La responsabilidad es aceptar que nuestras decisiones tienen efectos en el campo relacional. Lo que hacemos, callamos, evitamos o sostenemos impacta a quienes nos rodean. Y del mismo modo, también somos afectados por ellos. Por eso, la responsabilidad no es individualismo; es conciencia del vínculo.

La TG invita a pasar de la queja inconsciente a la presencia consciente. A reconocer nuestra capacidad de elección incluso en medio de las dificultades. Porque cuando una persona asume su lugar en la experiencia, deja de sentirse determinada por el pasado o por los otros, y comienza a recuperar su poder de acción.

Ser responsable es atreverse a habitar la propia vida.

Pensar gestálticamente en sesión no significa cambiar de enfoque terapéutico, sino ampliar la forma de acompañar al paci...
08/05/2026

Pensar gestálticamente en sesión no significa cambiar de enfoque terapéutico, sino ampliar la forma de acompañar al paciente. Es aprender a detectar cómo evita, cómo interrumpe su experiencia, qué expresa su cuerpo y qué ocurre en el aquí y ahora mientras habla. Muchas veces, pequeñas preguntas o microintervenciones pueden generar más profundidad clínica que largas interpretaciones. Conocer esta manera de intervenir puede enriquecer el trabajo de cualquier profesional de la salud mental.

🌀 Fórmula base para crear preguntas gestálticas

1. Detecta QUÉ evita la persona

La evitación puede aparecer como:

- Explicación excesiva
- Racionalización
- Hablar del pasado sin sentir
- Culpa hacia otros
- Desconexión corporal
- Humor
- Silencio rígido
- Cambio de tema
- Sobreintelectualización

Entonces pregúntate:

- “¿Qué experiencia está evitando contactar?”

2. Lleva al presente

Transforma narrativa en experiencia inmediata.

En vez de:

- “¿Por qué crees que eres así?”

Más gestáltico:

- “¿Qué pasa contigo ahora mientras hablas de eso?”

3. Cambia explicación por experiencia

Menos análisis. Más conciencia fenomenológica.

En vez de:

- “¿Por qué te afecta tanto?”

Pregunta:

- “¿Cómo lo vives en este momento?”

4. Lleva a sensación, emoción o cuerpo

El cuerpo rompe intelectualización.

Ejemplos:

- “¿Dónde lo sientes?”
- “¿Qué pasa en tu pecho al decir eso?”
- “¿Cómo cambia tu respiración?”
- “¿Qué emoción aparece primero?”

5. Busca polaridades

Toda dificultad suele contener tensión entre partes internas.

Ejemplos:

- “Una parte tuya quiere acercarse… ¿qué quiere la otra?”
- “¿Qué parte de ti se resiste?”
- “¿Qué ganas manteniéndote así?”

6. Explora función del síntoma

El síntoma no solo molesta; también protege.

Ejemplos:

- “¿Qué evita esta ansiedad?”
- “¿Qué pasaría si dejaras de sentir celos?”
- “¿Cómo te protege este bloqueo?”
- “¿Qué obtienes al no avanzar?”

7. Devuelve responsabilidad

Sin culpa. Con conciencia.

Transformar:

- “Me hacen sentir mal”

En:

- “¿Qué sientes tú cuando ocurre eso?”

O:

- “¿Cómo participas en esa dinámica?”
- “¿Qué haces tú justo antes de que eso ocurra?”
- “¿Cómo interrumpes lo que necesitas?”

🌀 Ejemplos según la situación clínica

☑️ Cuando el paciente intelectualiza mucho

Objetivo: bajar del pensamiento a la experiencia.

Preguntas:

- “¿Y qué sientes mientras explicas eso?”
- “Si dejaras de analizarlo un momento, ¿qué aparecería?”
- “¿Qué emoción hay debajo de esa explicación?”
- “¿Qué pasa en tu cuerpo ahora?”

☑️ Cuando el paciente habla del pasado desconectado

Objetivo: traer el pasado al presente experiencial.

Preguntas:

- “¿Qué pasa contigo ahora al recordarlo?”
- “¿Cómo lo estás viviendo aquí conmigo?”
- “¿Qué emoción aparece en este instante?”
- “¿Qué necesitas decir que nunca dijiste?”

☑️ Cuando hay ansiedad

Objetivo: identificar interrupción de contacto y anticipación.

Preguntas:

- “¿Qué estás intentando controlar?”
- “¿Qué imaginas que podría pasar?”
- “¿Qué necesidad tuya no está siendo atendida?”
- “¿Qué ocurre segundos antes de la ansiedad?”

☑️ Cuando hay bloqueo o procrastinación

Objetivo: explorar polaridad y beneficio secundario.

Preguntas:

- “¿Qué parte tuya no quiere avanzar?”
- “¿Qué perderías si sí lo lograras?”
- “¿Qué protege este estancamiento?”
- “¿Qué emoción aparece cuando piensas en actuar?”

☑️ Cuando hay celos o miedo al abandono

Objetivo: explorar inseguridad, necesidad y proyección.

Preguntas:

- “¿Qué temes perder realmente?”
- “¿Qué parte tuya se siente insuficiente?”
- “¿Qué necesitas que el otro confirme?”
- “¿Qué haces para evitar sentir abandono?”

☑️ Cuando el paciente culpa constantemente

Objetivo: devolver agencia.

Preguntas:

- “¿Qué haces tú dentro de esa dinámica?”
- “¿Cómo contribuyes a que eso continúe?”
- “¿Qué necesitas y no estás expresando?”
- “¿Qué evitas asumir?”

☑️ Cuando el paciente está desconectado emocionalmente

Objetivo: favorecer contacto.

Preguntas:

- “¿Qué emoción aparece primero?”
- “¿Qué sientes en este momento?”
- “¿Qué notas en tu cuerpo?”
- “Si esa emoción hablara, ¿qué diría?”

☑️ Cuando el paciente repite patrones

Objetivo: hacer visible automatismo.

Preguntas:

- “¿Qué ocurre justo antes de repetirlo?”
- “¿Cómo empieza ese patrón?”
- “¿Qué necesidad intentas resolver ahí?”
- “¿Qué parte tuya sigue buscando algo?”

🌀 Estructura simple para improvisar preguntas gestálticas

Puedes construir casi cualquier intervención usando:

- Qué sientes…
- Qué pasa ahora…
- Cómo lo haces…
- Qué evitas…
- Qué necesitas…
- Qué parte tuya…
- Qué ocurre justo antes…
- Qué cambiaría si…
- Qué ganas manteniendo…
- Dónde lo sientes…

Esa estructura ya orienta la sesión hacia:

- Conciencia
- Experiencia
- Responsabilidad
- Contacto
- Emoción
- Corporalidad
- Polaridades
- Función del síntoma

Y eso, en esencia, es pensar gestálticamente en sesión.

En muchas familias, la unión se confunde con el sufrimiento colectivo, cumplimiento de expectativas ajenas, e incluso co...
08/05/2026

En muchas familias, la unión se confunde con el sufrimiento colectivo, cumplimiento de expectativas ajenas, e incluso con pensar igual, actuar igual o sostener los mismos dolores. Desde la TG, esto se llama confluencia. Un modo de relación donde los límites se vuelven difusos y la persona pierde claridad sobre lo que realmente siente, necesita o desea.

La confluencia no siempre se ve problemática al inicio. A veces aparece como unión, cercanía o sentido de pertenencia. Hijos que sienten que deben “salvar” emocionalmente a sus padres, parejas que no pueden tomar decisiones sin aprobación familiar o personas que cargan culpas intensas cuando intentan diferenciarse. Poco a poco, el amor empieza a mezclarse con obligación, miedo o deuda emocional.

Existen lealtades invisibles que atan, donde la persona deja de escucharse para sostener expectativas ajenas sin darse cuenta. Aprende a callar necesidades, postergar proyectos o tolerar relaciones que la desgastan para no romper la armonía familiar.

Muchas crisis de pareja tienen detrás una confluencia no resuelta con la familia de origen. Cuando alguien sigue emocionalmente fusionado con sus padres, hermanos o mandatos familiares, la relación de pareja pierde espacio propio. Las decisiones ya no se construyen entre dos, sino entre múltiples voces internas cargadas de culpa, temor y necesidad de aprobación.

El trabajo terapéutico no consiste en romper vínculos, sino en diferenciarlos. Poder amar sin desaparecer. Acompañar sin sacrificarse. Reconocer dónde termina la necesidad del otro y dónde comienza la propia experiencia. La madurez emocional implica desarrollar límites sanos sin perder la capacidad de contacto.

Darse cuenta de estas lealtades puede ser doloroso, porque muchas veces sostuvieron identidad, pertenencia y seguridad. Sin embargo, también puede abrir la posibilidad de relaciones más auténticas, donde el afecto no dependa de la fusión ni del sufrimiento compartido.

Amar no es abandonar la propia vida. Cuando una persona recupera contacto consigo misma, deja de relacionarse desde la obligación y comienza a elegir desde la presencia, la responsabilidad y la libertad emocional.

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