26/11/2025
A veces olvidamos cuánto necesitábamos que alguien nos esperara…
Que alguien nos mirara con calma, que alguien nos recibiera sin condiciones.
Por eso este ejercicio toca tanto: imaginar a tu niña interior corriendo hacia ti… y a ti, adulta, quedándote ahí, firme, lista para abrirle los brazos.
Porque cuando la ves venir, te das cuenta de algo que duele y libera al mismo tiempo: esa niña solo necesita sentirse segura: Segura de que no la van a abandonar, de que no tiene que ser fuerte todo el tiempo, de que alguien, por fin, puede cuidarla. Y ese alguien… eres tú hoy.
�Eres tú con tu conciencia, tu camino sanado, tus límites, tu amor y tu verdad.
No tienes que decir nada perfecto. Basta con palabras simples, reales, humanas: “Ya estoy aquí”, “No voy a soltarte”, “Esta vez te acompaño yo”
Ese es el inicio de la reparación. Ese es el momento en el que el Alma deja de correr y por fin se siente en casa.
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