18/05/2026
Ultimamente muchas personas hablan de los “valores tradicionales” desde un lugar profundamente romantizado, sin detenerse a pensar qué implicaban realmente para muchas mujeres y personas históricamente excluidas.
He estado viendo El cuento de la criada en Netflix y aunque es una ficción distópica, inevitablemente me hizo pensar en discursos que hoy siguen circulando en redes sociales: la idea de que las mujeres “perdieron su lugar”, que hay demasiado “libertinaje”, o que debemos volver a dinámicas donde el valor femenino está principalmente en el sacrificio, el silencio y el hogar.
Y quiero aclarar, cuestionar ciertos valores tradicionales no significa rechazar la maternidad, la familia o el deseo de habitar esos espacios. El problema aparece cuando esos ideales se convierten en imposiciones, cuando reducen la existencia de las mujeres a un único rol posible, o cuando se usan para controlar cuerpos, identidades y formas de vivir.
Históricamente, muchos de esos discursos también han legitimado violencias hacia mujeres y personas LGBTIQ, castigando todo aquello que se salga de lo “correcto”, lo “decente” o lo “normal”.
Creo que es importante preguntarnos:
¿qué cosas llamamos tradición simplemente porque crecimos viéndolas?
¿y cuántas de ellas realmente nacen del cuidado… y no del control?
Porque incluso para pensar distinto, equivocarnos, decidir sobre nuestra vida o construir una identidad propia, necesitamos LIBERTAD. Y esa libertad no apareció sola: ha sido resultado de muchas luchas históricas.