21/09/2025
El estado de conciencia que nos acerca a la divinidad no está afuera, en lo que el mundo celebra, sino aquí, adentro, justo en este abrazo.
Esta foto es por los años en los que parecía que nada sucedía, en los que nadie notó mi dolor y el mundo no reconoció mi lucha. Por las veces que lloré en silencio, estudié a escondidas y soñé en soledad. En esos momentos, mi alma se estaba refinando y mi espíritu estaba despertando en el silencio.
Hoy me encuentro justo en el punto entre lo que fui y lo que está por venir. Entre la duda y la revelación, entre el quién soy y el quién puedo ser.
El mundo moderno nos enseña que el valor está en lo que se ve: en los títulos, en los resultados, en los logros. Pero los misterios antiguos dicen otra cosa: lo invisible es más real que lo visible, lo no dicho habla más fuerte que lo gritado, y los años de mi silencio fueron mi verdadero campo de entrenamiento. Los momentos en los que más he crecido no son los que estuve en un escenario, sino los que estuve en el suelo, sola, herida y confundida.
El universo me estaba entregando en ese silencio mi propia sanación, a través de maestros invisibles y lecciones que no llegaron con palabras, sino con experiencias. Y sigo, con gratitud, en ese proceso.