08/08/2026
La Trampa de la Etiqueta Psicológica en la Era Digital
Dr. Miguel A. Torres Batista
Estamos perdiendo la capacidad de decir "no sé". En la era de la inmediatez digital, un reel, un test viral o una simple frase parecen suficientes para explicar algo tan intrínsecamente complejo como la mente humana. Sin embargo, esta aparente facilidad para encontrar respuestas nos está llevando a una trampa peligrosa: la de etiquetar de forma superficial lo que en realidad requiere de un profundo contexto y de una historia personal. Hemos normalizado que identificarnos con una publicación en redes sociales equivale a padecer un trastorno, confundiendo la emoción con el diagnóstico. Ya no podemos estar simplemente nerviosos o preocupados; ahora debemos tener "ansiedad". Tampoco podemos tener un mal día o un cambio de humor; esos altibajos tan humanos se convierten rápidamente en un "trastorno bipolar".
El problema se agrava cuando los algoritmos, diseñados para mostrarnos más de lo que ya consumimos, nos encierran en cámaras de eco donde el autodiagnóstico se vuelve la única verdad. Si alguien se distrae o pierde objetos, ya le colgamos la etiqueta de TDAH; si prefiere la soledad o tiene intereses muy específicos, lo tildamos de autista; y si alguna vez actúa con egoísmo o busca atención, lo sentenciamos como narcisista. Pero un rasgo aislado no define un patrón persistente, y un trastorno del neurodesarrollo o de la personalidad jamás puede reducirse a una sola conducta. Incluso conceptos clínicos como los estilos de apego han perdido su rigor, convirtiéndose en una especie de "signos zodiacales" con los que etiquetamos nuestras relaciones sentimentales ("yo soy ansioso, él es evitativo y por eso todo fracasa"), cuando en realidad son herramientas para entender patrones, no sentencias absolutas sobre el valor de un vínculo.
Del mismo modo, las soluciones mágicas que prometen las redes también han permeado el imaginario popular. Se ha reducido todo el quehacer psicológico a una metáfora única como "sanar al niño interior", como si todas las dificultades emocionales tuvieran el mismo origen y la misma cura. Y mientras tanto, se confunde el acompañamiento motivacional del coaching con una psicoterapia basada en la evidencia. La motivación, por muy poderosa que sea, no reemplaza la evaluación clínica que necesita un ser humano en crisis; la salud mental merece algo más que promesas de soluciones rápidas. De la misma manera, hemos llegado a creer que una inteligencia artificial puede ocupar el lugar de un terapeuta, olvidando que la IA no conoce nuestra historia, nuestro contexto ni nuestra singularidad; a lo sumo nos ayuda a ordenar ideas, pero jamás realizará una evaluación ni un acompañamiento real. Esa misma ilusión de conocimiento la aplicamos a las búsquedas en Google, como si leer un artículo nos convirtiera en expertos en nuestra propia psique.
Pero, ojo, esto no significa que la divulgación en redes sea el enemigo. Al contrario, es maravilloso que hoy hablemos más de salud mental, que los espacios para cuestionar y aprender se hayan abierto, y que temas que estuvieron en silencio durante tanto tiempo ahora tengan voz. El problema radica en confundir informar con diagnosticar. Si una explicación parece demasiado simple, probablemente también sea incompleta. Las personas somos mucho más que una etiqueta. El gran valor de la psicología o la psiquiatría no está en dar respuestas absolutas, sino en hacerse las preguntas correctas. Entender qué está ocurriendo en la vida de alguien requiere observar el entramado completo de su historia, sus relaciones y su entorno. Por eso, la verdadera comprensión no nace de un diagnóstico rápido que nos da la red social, sino de una evaluación clínica que, con paciencia y profundidad, aporta el contexto que necesitamos para no reducir una historia compleja a una simple categoría. La invitación no es a dejar de hablar de salud mental, sino a hacerlo con más pensamiento crítico, con más responsabilidad y con la humildad de reconocer que a veces, la mejor respuesta es aprender a formular la mejor pregunta.