12/06/2026
Hay algo que nadie nos dice cuando nos convertimos en madres y padres.
Que no podemos dar lo que no tenemos. Que no podemos transmitir calma si por dentro estamos al límite. Que no podemos acompañar las emociones de nuestros hijos si las nuestras nos están consumiendo.
Y no es falta de amor. Es que nadie nos enseñó a cuidarnos para poder cuidar mejor.
Cuidar nuestro mundo emocional no es egoísmo. Es la base desde la que criamos. Porque una madre o padre regulado no solo responde mejor, le muestra a sus hijos, con el ejemplo, que las emociones se gestionan… no se ignoran ni se descargan.
Y eso es exactamente lo que necesitan aprender de nosotros.