Psicóloga Daniela Brenes

Psicóloga Daniela Brenes Consultorio de Psicología: Terapia psicológica, evaluación psicodiagnóstica, evaluación psicoeducativa.

17/07/2026

Llegamos a Guanacaste tres días antes de casarnos sin agenda, sin nada que resolver. Y el primer día casi no supimos qué hacer con tanto tiempo.
Cuando llevás meses en modo logística, el cuerpo se acostumbra a estar siempre resolviendo algo. En psicología a veces se habla de un estado distinto: uno que no se enciende consiguiendo, sino justo cuando no hay nada de qué defenderse y nada que perseguir. Ahí la atención se afloja, y la mente se organiza de otra manera, uno mira más, siente más, está más presente.
Nos pasó caminando sin rumbo. Comiendo despacio. Metiéndonos al agua a las diez de la noche sin ninguna razón.
Y si algo aprendí esos días es que un momento bueno no se guarda queriendo guardarlo. Se guarda estando ahí. La próxima vez que te pase uno, quizás valga la pena preguntarte algo simple: ¿qué está sintiendo mi cuerpo justo ahora?
Faltan días para la boda y no me cabe la emoción. Pero estos tres no fueron la antesala de nada.
¿Cuál fue el último momento bueno que viviste completo?

13/07/2026

"Soy perfeccionista" casi suena a virtud. Hasta que lo ves de cerca.
Querer hacer las cosas bien es sano. El perfeccionismo es otra cosa: es creer que si no está perfecto, no vale. Y de paso, que si tu trabajo falla, vos fallás como persona.
En psicología, a veces trabajamos con esto como una regla rígida: o perfecto o fracaso. Y una regla así no deja lugar a lo que la mayoría de las cosas realmente son —suficientemente buenas. Con esa vara, empezar da miedo, terminar da miedo, y descansar da culpa. Por eso el perfeccionismo rara vez te hace producir más: te hace postergar, cansarte y casi nunca sentir que algo estuvo bien.
La próxima vez que te trabes buscando que algo quede impecable, podría valer la pena cambiar la pregunta. En lugar de "¿está perfecto?", probá con "¿está lo suficientemente bien para lo que necesita?".
Y algo más importante todavía: el valor de lo que hacés no es el valor de quién sos. Podés entregar algo imperfecto y seguir siendo igual de valioso.
¿Cuánto de esa vara con la que te medís la elegiste vos?

09/07/2026

Cancelás el plan. Cambiás el tema. Revisás el celular.
No porque seas así — sino porque algo dentro quiere que ese malestar desaparezca. Ya.
En psicología lo llamamos evitación experiencial: el intento de sacarnos de encima, a toda costa, lo que duele o incomoda. Y tiene todo el sentido. Nadie quiere sufrir.
El problema es lo que pasa después.
Cada vez que evitás, sentís alivio. Pero es corto. Al rato vuelve el malestar — muchas veces más fuerte. Y lo volvés a evitar. Y así se arma un círculo que va reduciendo, despacito, el espacio en el que vivís.
No porque no puedas con eso. Sino porque fuiste marcando cada vez más terreno como peligroso.
La próxima vez que notes que estás evitando, probá preguntarte algo distinto — no "¿cómo hago que esto se vaya?" sino "¿qué me importa de verdad acá, y qué paso pequeño puedo dar hacia eso, aunque la incomodidad venga conmigo?"
Porque muchas veces no hace falta que el miedo se vaya para avanzar. Solo hace falta dejar de organizar la vida alrededor de evitarlo.
Lo que evitás no se hace más pequeño. Se hace más pequeña tu vida alrededor de eso.
Y eso sí puede cambiar. 🌿

07/07/2026

Cancelás el plan. Cambiás el tema. Revisás el celular.
No porque seas así — sino porque algo dentro quiere que ese malestar desaparezca. Ya.
En psicología lo llamamos evitación experiencial: el intento de sacarnos de encima, a toda costa, lo que duele o incomoda. Y tiene todo el sentido. Nadie quiere sufrir.
El problema es lo que pasa después.
Cada vez que evitás, sentís alivio. Pero es corto. Al rato vuelve el malestar — muchas veces más fuerte. Y lo volvés a evitar. Y así se arma un círculo que va reduciendo, despacito, el espacio en el que vivís.
No porque no puedas con eso. Sino porque fuiste marcando cada vez más terreno como peligroso.
La próxima vez que notes que estás evitando, probá preguntarte algo distinto — no “¿cómo hago que esto se vaya?” sino “¿qué me importa de verdad acá, y qué paso pequeño puedo dar hacia eso, aunque la incomodidad venga conmigo?”
Porque muchas veces no hace falta que el miedo se vaya para avanzar. Solo hace falta dejar de organizar la vida alrededor de evitarlo.
Lo que evitás no se hace más pequeño. Se hace más pequeña tu vida alrededor de eso.
Y eso sí puede cambiar. 🌿

07/07/2026

Electro y eco no son lo mismo. Y saber la diferencia te ayuda a entender tu corazón.
Mucha gente cree que un electrocardiograma y un ecocardiograma son el mismo examen. Suenan parecido, pero miran cosas distintas del corazón.
El electrocardiograma (o “electro”) registra la actividad eléctrica del corazón. Es ese estudio de pocos minutos en el que colocan adhesivos y cables sobre el pecho. Se usa con frecuencia para evaluar palpitaciones, arritmias, dolor de pecho, desmayos o alteraciones del ritmo.
El ecocardiograma (o “eco”) es un ultrasonido del corazón. Permite ver su estructura y su función: cómo bombea, cómo están las válvulas, el tamaño del corazón, posibles problemas estructurales. Suele indicarse ante falta de aire, soplos, insuficiencia cardíaca, presión alta o diabetes de larga evolución, infartos previos o sospecha de enfermedad en las válvulas.
Muchas veces se complementan: uno evalúa la parte eléctrica y el otro la parte estructural y funcional. Juntos dan una imagen más completa.
Cuál necesitás —o si necesitás ambos— lo define tu médico según tu caso. Si tenés dudas, agendá tu valoración y te orientamos.
📲 WhatsApp 8668 9871
📍 Santa Verde, Heredia — Edificio Laurel, O-208 y O-209
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🕗 Lunes a viernes 8:30 am – 8:00 pm
🕓 Sábados 8:30 am – 4:30 pm

07/07/2026

Hoy fue de esos días donde el cuerpo y la mente trabajaron en equipo.
Consultas en la mañana, entreno en la tarde — y en el medio, ese silencio entre sesión y sesión donde te acordás de que vos también necesitás procesar lo tuyo.
Porque una de las cosas que más le digo a mis pacientes es que el movimiento no es solo físico. El ejercicio tiene un impacto real en cómo el sistema nervioso regula el estrés, en cómo dormimos, en cómo procesamos lo que sentimos. No es motivación de meme — es fisiología.
Y aun así, a veces hay que recordárselo a una misma. 🌿
¿Cómo movés vos el cuerpo cuando la cabeza está llena?

23/06/2026

Algunas personas aprendieron temprano que depender termina en decepción, que mostrar lo que necesitan complica las cosas, que el vínculo intenso trae dolor. Cuando el cuidado en la infancia fue frío, impredecible o insuficiente, el cerebro guarda esa experiencia y la usa como mapa. Y entonces empieza a asociar la cercanía no con calma, sino con amenaza.

Lo que pasa después no se decide con la razón. Frente a algo que el cuerpo lee como peligro, la respuesta de defensa se activa antes de que la parte pensante alcance a entender qué está pasando. Por eso, cuando el vínculo crece, la reacción automática es retroceder: no es una decisión calculada, es un mecanismo que se aprendió como forma de protegerse. Una manera de poner distancia para no salir lastimado otra vez.

No lo hace para dañarte. Lo hace porque ese patrón se formó antes de conocerte a vos, repitiéndose tantas veces que se volvió la respuesta por defecto.

Entender esto no significa que tengas que adaptarte indefinidamente, ni que el costo de ese patrón sea algo tuyo que pagar. Pero sí puede cambiar cómo lo interpretás cuando pasa. Deja de ser información sobre cuánto valés y empieza a ser información sobre la historia de vida de otra persona.

Comprender no es lo mismo que aceptar. Pero sin comprender, todo se vuelve personal cuando muchas veces no lo es.
¿Te ha pasado leer la distancia de alguien como rechazo, antes de entender de dónde venía?

Tu cuerpo activa la alarma antes de que vos decidas si hay incendio. Y eso no está mal.La ansiedad tiene una función. Es...
15/06/2026

Tu cuerpo activa la alarma antes de que vos decidas si hay incendio. Y eso no está mal.

La ansiedad tiene una función. Es una respuesta que se anticipa a una amenaza y se reparte en tres canales al mismo tiempo: lo que pensás ("algo malo va a pasar"), lo que tu cuerpo hace (corazón acelerado, respiración corta, tensión) y lo que hacés (evitar, salir, posponer). Esos tres canales se activan para prepararte: la emoción empuja hacia una acción —pelear, huir o congelarte— que alguna vez tuvo sentido para cuidarte. El detalle es que ese sistema no distingue muy bien entre un peligro real y una presentación de trabajo.

Algo importante: esos canales no siempre van sincronizados. Podés tener el cuerpo en alerta máxima y aun así sostener la situación; o evitar algo aunque el miedo no sea tan intenso. No estás roto cuando eso pasa. Es la forma en que funciona la respuesta.

¿Dónde se complica? En lo que hacemos para no sentirla. ¿Conocés esas trampas chinas de dedos, las de papel donde metés un dedo en cada lado? Cuanto más fuerte tirás para sacarlos, más se aprieta la trampa. Con la ansiedad pasa parecido: el intento de controlar o borrar a toda costa lo que sentís —evitar, pelear con el cuerpo, forzar que se vaya— da alivio por un rato, pero a la larga te deja más atrapado. Sin querer, lo que hoy te calma es lo que mañana le da fuerza al miedo.

Acá entra el mindfulness, que no es poner la mente en blanco ni relajarse a la fuerza. Son dos cosas concretas: sostener la atención en lo que está pasando ahora, y hacerlo desde la apertura, la aceptación y la curiosidad, en lugar de la lucha. Aplicado a la ansiedad, se parece a observar el pensamiento ansioso sin tener que creerle ni obedecerle: notar "ahí está otra vez la idea de que algo malo va a pasar", verla aparecer y dejarla pasar, sin pelear con ella ni dejar que decida por vos. Igual que en la trampa de dedos: la salida no es tirar más fuerte, es dejar de luchar y moverte distinto.

12/06/2026

Hay personas a cuyo lado tu cuerpo deja de prepararse para defenderse.

No siempre lo notamos, pero todo el tiempo el sistema nervioso está leyendo el ambiente: ¿esto es seguro o tengo que estar lista? Frente a algunas personas ese chequeo no se apaga nunca, y salís de cada encuentro con la sensación de haber estado en guardia.

Frente a otras, en cambio, se activa un estado distinto, lo que en psicología se llama el sistema de calma y afiliación: la parte del cerebro que se enciende cuando sentís cuidado, cercanía y que no hace falta probar nada.

Y ese estado no es solo agradable. Cuando el cuerpo registra seguridad, la mente se vuelve más flexible: pensás con más claridad, te reconectás con lo que querías, tolerás mejor lo que te asusta. La calma no es ausencia de problemas, es la base desde la cual el resto se vuelve manejable.

Por eso prestar atención a cómo te deja cada vínculo es información, no exageración. La próxima vez que salgas de una conversación, podría valer la pena preguntarte: ¿salí más liviana o más en guardia?

Elegir a las personas a cuyo lado tu sistema descansa también es cuidar tu regulación emocional.
¿Quién es esa persona a cuyo lado tu cuerpo respira distinto?

Dirección

Clínica Alena, Santa Verde
Heredia
40305

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