14/08/2026
Más allá del “Feliz Día de las Madres”...
Reconocer las múltiples realidades de la maternidad.
Hay frases que hemos repetido durante generaciones con la intención de celebrar, pero que, cuando las miramos desde la diversidad de las experiencias humanas, pueden dejar de ser universales.
Una de ellas es: “Feliz Día de las Madres”, acompañada muchas veces de afirmaciones como “todas las madres son amorosas, protectoras, incondicionales, fuente de seguridad, inspiración y refugio”.
El problema no está en celebrar a las madres que viven su maternidad de esa manera. El problema aparece cuando convertimos una experiencia posible en una verdad universal.
No todas las madres son amorosas. No todas pudieron serlo. No todas quisieron ser madres. No todas tuvieron las condiciones para ejercer una maternidad como la imaginaron. Y no todas las personas que han sido madres tienen una historia que desean celebrar.
La psicología, la psiquiatría, la medicina y los derechos humanos nos invitan a mirar esta realidad con mayor profundidad.
La evidencia científica muestra que el bienestar psicológico de una madre puede relacionarse con determinadas formas de crianza y con resultados positivos en el desarrollo infantil; pero también muestra que la salud mental materna no es una característica fija ni una condición que venga incorporada automáticamente con la maternidad.
Depresión, ansiedad, trauma, trastornos del estado de ánimo, violencia, pobreza, aislamiento, falta de apoyo social y múltiples circunstancias vitales pueden afectar profundamente la experiencia de maternar. La propia OMS recomienda intervenciones de salud mental y apoyo psicosocial para madres y otras personas cuidadoras que presentan variables de salud mental.
Por eso es importante diferenciar maternidad, vínculo, capacidad de cuidado y experiencia emocional. Ser madre no convierte automáticamente a una persona en protectora, cariñosa, disponible emocionalmente o segura. Del mismo modo, atravesar dificultades psicológicas tampoco convierte automáticamente a una madre en una mala madre.
La evidencia contemporánea habla de algo mucho más complejo:
Las relaciones se construyen.
UNICEF reconoce que las familias actuales son diversas en su composición y que distintos entornos familiares pueden favorecer positivamente el desarrollo infantil. También señala que los entornos protectores dependen de prácticas de cuidado sensibles, afectuosas y libres de violencia, no simplemente de la existencia de una madre dentro de la estructura familiar.
Esto resulta fundamental porque también existen hijos e hijas que llegan a estas fechas con sentimientos contradictorios: amor y dolor; gratitud y distancia; deseo de reconciliación y necesidad de poner límites; recuerdos hermosos junto a experiencias de abandono, negligencia, violencia, abuso o ausencia.
Para algunas personas, el Día de las Madres es una celebración.
Para otras, es una fecha difícil.
Para algunas, es un homenaje.
Para otras, es una herida que vuelve a abrirse.
Para algunas, representa la madre que tuvieron.
Para otras, representa la madre que necesitaron y nunca tuvieron.
Y para algunas personas representa incluso el duelo por una maternidad que no pudo ser.
También existen maternidades que no fueron elegidas...
Hablar de maternidad como si siempre surgiera de un deseo libre y consciente supone ignorar una parte dolorosa de la realidad.
Hay mujeres que no pueden gestar por razones biológicas. Hay quienes pierden embarazos. Hay quienes enfrentan infertilidad. Hay quienes desean ser madres y no encuentran las condiciones económicas, sociales, familiares o legales para hacerlo.
También existen mujeres y niñas que quedan embarazadas como consecuencia de violencia sexual. Y aquí la conversación deja de ser solamente emocional y adquiere una dimensión de salud pública, ética y derechos humanos.
La OMS reconoce que las personas tienen derechos relacionados con la autonomía y la toma de decisiones sobre su salud sexual y reproductiva. Sus directrices sobre ab**to señalan que los marcos legales varían entre países, pero también incorporan estándares internacionales de derechos humanos relacionados con privacidad, salud, integridad física y mental y autonomía reproductiva.
La propia OMS advierte que los entornos legales restrictivos pueden constituir obstáculos para acceder a servicios de ab**to seguros y que esos obstáculos pueden generar riesgos para la salud.
En los casos de embarazos producto de violación, organismos internacionales de derechos humanos han señalado que las barreras innecesarias pueden producir revictimización y afectar gravemente la salud física y psicológica.
Por eso, decir simplemente “qué hermoso que seas madre” puede resultar profundamente doloroso cuando detrás de esa maternidad existe una historia de violencia, coerción, pérdida, infertilidad, embarazo no deseado o ausencia de libertad reproductiva.
No toda maternidad comienza con un deseo. Algunas comienzan con una imposición.
Y reconocerlo no significa desvalorizar a los hijos e hijas que nacen de esas circunstancias. Significa reconocer la historia de quien tuvo que atravesarlas. También debemos dejar de romantizar el vínculo materno.
La idea de que toda madre debe ser el primer refugio emocional de sus hijos puede ser hermosa como aspiración, pero peligrosa cuando se transforma en una obligación moral universal. La seguridad emocional de una persona infante no depende exclusivamente de una madre. Depende de la calidad de las relaciones de cuidado, de la sensibilidad de quienes cuidan, de la estabilidad, de la protección frente a la violencia y de la posibilidad de contar con personas adultas disponibles y confiables.
La investigación sobre salud mental materna y desarrollo infantil encuentra asociaciones importantes, pero también advierte que estas relaciones son complejas y que la evidencia no permite reducir el desarrollo de una persona infante a una sola persona o a una única variable.
Incluso sabemos que la violencia dentro del hogar puede erosionar la confianza de la niñez hacia quienes les cuidan y dejar consecuencias emocionales que pueden prolongarse hasta la adultez.
Por eso, desde la psicología y la psiquiatría, sería más responsable hablar de vínculos saludables, cuidado sensible, disponibilidad emocional, protección y reparación, en lugar de atribuir virtudes universales a todas las madres.
¿Y qué hacemos entonces con el Día de las Madres?
Quizá no necesitamos eliminar la celebración.
Quizá necesitamos hacerla más humana.
En lugar de asumir que todas las personas tienen una relación amorosa, cercana o segura con su madre, podemos abrir espacio para que cada quien decida qué significa esta fecha en su propia historia.
Podríamos pasar de:
“Feliz Día de las Madres a todas las madres, porque todas son amor, seguridad, sacrificio e inspiración.”
A algo más inclusivo:
“En este Día de las Madres, te invito a honrar esta fecha de la manera que tu historia permita. Reconozcamos las múltiples formas de maternidad, las maternidades deseadas y las que llegaron en circunstancias difíciles; las maternidades biológicas, adoptivas, sociales y afectivas; las maternidades presentes y las ausentes; y también a quienes soñaron con ser madres y no pudieron. Que cada persona pueda acercarse a esta fecha desde su propia historia, sin culpa, sin obligación y sin tener que sentir algo determinado.”
Porque honrar no siempre significa idealizar.
A veces honrar significa agradecer.
A veces significa recordar.
A veces significa perdonar.
A veces significa poner límites.
A veces significa reconocer el daño.
A veces significa aceptar que una relación no puede ser como hubiéramos deseado.
A veces significa celebrar a una madre.
Y otras veces significa celebrar que logramos sobrevivir a una historia materna difícil y construir una vida diferente.
Una celebración más humana...
Quizá ha llegado el momento de sustituir las generalizaciones por una mirada más respetuosa de la diversidad.
No todas las maternidades son iguales.
No todas las historias son felices.
No todas las madres pudieron ejercer el rol que hubieran querido.
No todas las personas quieren celebrar a su madre.
No todas las personas tuvieron madre.
No todas las personas desean ser madres.
No todas las personas pudieron serlo.
Y ninguna de esas realidades necesita ser escondida para que otras personas puedan celebrar.
La salud mental también consiste en poder reconocer nuestra historia sin tener que maquillarla para satisfacer las expectativas sociales.
Por eso, este Día de las Madres, quizá una frase más responsable podría ser:
“Te invito a honrar la maternidad desde tu propia historia, si esa historia lo permite. Reconozcamos las múltiples formas de maternar, los vínculos que cuidan, las historias que necesitan reparación y también a quienes viven esta fecha desde la ausencia, el duelo, la distancia o el dolor. No existe una única manera correcta de sentir este día.”
Porque una sociedad psicológicamente más saludable no es aquella que obliga a todas las personas a celebrar lo mismo. Sino aquella que permite que cada persona pueda reconocer su propia historia sin ser juzgada por ella.
Y quizá esa sea una forma mucho más profunda de celebrar la maternidad: no idealizarla, sino humanizarla.
Desde la psicología, la medicina y los derechos humanos, la invitación es clara:
No idealizar: ser madre no garantiza amor, disponibilidad emocional ni ausencia de violencia.
No patologizar: tener dificultades emocionales no convierte automáticamente a una mujer en una mala madre.
Acompañar: la salud mental perinatal y materna requiere detección, tratamiento y apoyo, no culpabilización.
Proteger: en la niñez se necesita vínculos seguros y libres de violencia, independientemente de quién ejerza el cuidado.
Respetar la autonomía: las decisiones reproductivas forman parte de la salud, la privacidad y la autonomía de las personas.
Reconocer la diversidad: existen múltiples estructuras familiares y múltiples maneras de cuidar y ejercer funciones parentales.
Evitar la revictimización: especialmente cuando la maternidad está relacionada con violencia sexual, coerción o circunstancias traumáticas.
Quizá el verdadero cambio no sea dejar de decir “Feliz Día de las Madres”, sino dejar de asumir que sabemos qué significa esa frase para quien la recibe.
Porque detrás de una madre hay una historia y detrás de cada hijo e hija, también.
Honremos las historias completas. No solamente las versiones bonitas de ellas.