02/11/2025
Porque desde pequeños aprendemos a “aguantar”, a no molestar, a mostrar que todo está bien. Pero lo que callamos no desaparece: se acumula, se transforma en ansiedad, enojo o tristeza.
Hablar no es debilidad, es higiene emocional. Igual que el cuerpo necesita descanso, la mente necesita espacio para procesar lo que siente.
No se trata de dramatizar, sino de reconocer, aceptar y expresar. Eso también es salud mental.