30/07/2025
El alcohol es una de las sustancias psicoactivas más consumidas en el mundo, pero su impacto en el corazón va mucho más allá de una simple resaca. En ciertos contextos, puede desencadenar arritmias potencialmente letales, incluso en personas sin antecedentes cardíacos conocidos.
Durante una intoxicación aguda por alcohol, el corazón puede volverse eléctricamente inestable. Un ejemplo clásico es el "síndrome del corazón festivo" (holiday heart syndrome), donde la ingesta excesiva de alcohol provoca fibrilación auricular en personas jóvenes y saludables, usualmente tras fiestas o fines de semana de alto consumo.
En casos más graves, especialmente cuando se combinan factores como hipopotasemia, hipomagnesemia, acidosis o miocardiopatía alcohólica crónica, el alcohol puede favorecer arritmias aún más peligrosas, como torsades de pointes, taquicardia ventricular o incluso fibrilación ventricular, todas ellas con riesgo real de muerte súbita.
Además, el alcohol potencia los efectos proarrítmicos de ciertos medicamentos y puede interferir con el sistema nervioso autónomo, lo que altera la frecuencia cardíaca y la respuesta vascular.
El alcohol no solo afecta la mente. En dosis altas, también puede romper el ritmo del corazón... y detenerlo para siempre.