Abraham Sánchez

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SER IGLESIA DEPOSITARIA DE LA VERDAD NO ES SER IGLESIA SALVAPor Abraham Sánchez  "Porque yo les doy testimonio de que ti...
05/08/2026

SER IGLESIA DEPOSITARIA DE LA VERDAD NO ES SER IGLESIA SALVA
Por Abraham Sánchez

"Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia" (Romanos 10:2).

Una iglesia no está salva porque sea depositaria de la verdad. La salvación se preserva de una sola manera: por el fruto que da. Ese principio lo estableció muy claramente Juan el Bautista cuando dijo: "Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras" (Mateo 3:8, 9; ver Lc. 3:8).

La idea de salvación por filiación es uno de los más peligrosos dilemas del religionismo de todos los tiempos, hoy más que nunca. La gente cree que por su lealtad religiosa, a una entidad, está en la embarcación que lo llevará seguro al destino eterno.

Juan el Bautista y Jesús, levantaron seguidores pero por la fuerza de una enseñanza, de una lealtad a principios. Pero el celo denominacional de sus adversarios pudo más y terminaron mu***os.

No se trata de que una denominación tenga verdad o no: se trata de la fidelidad del corazón a la verdad otorgada. Una iglesia puede tener poca luz, pero el creyente sincero que está dispuesto a obedecer a toda palabra que sale de la boca de Jehová, será salvo.

Porque no se trata de la denominación o del círculo fraternal que me recibe o al que me integro; se trata de la sinceridad de corazón y la fidelidad a la verdad o a las enseñanzas impartidas por el cielo.

No es que la sinceridad salva. Mucha gente sincera se perderá. Y mucha gente que no tuvo la oportunidad de conocer la verdad podrá salvarse o perderse dependiendo de su diligencia ante la luz. Porque algunos no conocen por negligentes e indiferentes, y otros aceptarían diligentemente si pudieran ser alcanzados con el conocimiento.

La mayoría de los que pertenecen a la religión verdadera se perderán solo porque se conformaron por ser poseedores de una verdad que no amaron, que no vivieron.

Por extraño que le parezca, una "religión verdadera" puede ser la peor agencia de perdición para un pueblo. Esto pasa porque una religión verdadera puede ser el más peligroso remanso de paz y de seguridad aún cuando el corazón no es sincero.

El celo que se experimenta y se infunde en una religión, puede despertar un profundo sentimiento de lealtad del tipo que se rinde a un team deportivo. Algo así como pertenecer a los Dogers de los Ángeles o a los Yanquis de NY o al Licey de Santo Domingo.

La mayoría de los creyentes son fanáticos de su religión; la salvación consiste en esa lealtad. No es cosa nueva, de sorprenderse; es lo mismo de todos los tiempos.

Los religiosos rechazan al que no es de su partido independientemente de que tenga verdad o no. Porque la salvación ha dejado de ser cosa de principios, de respuestas de fe obediente, de humillación a la petición divina.

La verdad puede hacer de una iglesia la verdadera, pero solo cuando le hacen caso, cuando la obedecen. Una iglesia que desdeña todo principio esencial para la transformación de la vida, es falsa.

Lamentablemente en ese entendido se dividen y fragmentan familias, congregaciones, amigos, hermanos. Muchos llegarán al juicio de Dios satisfechos de su lealtad religiosa pero sin respuesta a su lealtad a la verdad. Porque no basta con recibir la verdad y la salvación, sino que bastará en el juicio la lealtad a ella antes que a los hombres.

Bendiciones.
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LA LEY DE DIOS ES MORAL POR SU NATURALEZAPor Abraham Sánchez "De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamient...
31/07/2026

LA LEY DE DIOS ES MORAL POR SU NATURALEZA
Por Abraham Sánchez

"De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno" (Romanos 7:12).

La ley de Dios es moral por su naturaleza de corresponderse con el amor a Dios y al prójimo. Es una ley que no establece patrones de conductas ante los que demos respuestas morales sino que ella establece lo moral.

Si bien es cierto que toda ley espera una respuesta moral, no toda ley se corresponde inherentemente con la vida. Por ejemplo, tenemos que respetar la luz roja del semáforo. Hay que detener el vehículo para no impactar otro vehículo. Pero que la luz roja sea la de parar según la ley, en realidad pudo ser la verde y no alteraba ningún principio fundamental.

Esa ley de tránsito se corresponde con la vida. Pero no es imprescindible sino que surge porque hemos inventado carros. La sociedad artificial crea necesidades de orden muchas veces necesarias. Siempre habrá esas necesidades porque tenemos la capacidad de crear formas de vida social que demandan leyes. Pero si el curso de la vida lo guiáramos por otro lugar, las leyes fueran diferentes.

Pero la ley moral de Dios está presente en cualquier forma o estilo de vida que elijamos. No es posible una sociedad que pueda prescindir de esas leyes. Sería una sociedad en maldición y caos.

Ya sabe, obviamente, que nos estamos refiriéndo al decálogo del Sinaí. Se trata de dos tablas que contienen deberes para con Dios y para con los hombres. Si meditamos sin pasión o sin prejuicios dogmáticos ni teóricos, veríamos que no se puede prescindir de ellos.

Lo primero es que el decálogo presenta la realidad de Dios así como es real el hombre. Si no hemos sido afectados por la teoría del ateísmo, aceptaremos que no podemos adorar a nadie fuera de Dios. Sabremos que es un Dios vivo que no requiere de imagen que lo represente. Sabremos que debemos ser dignos representantes de él sin falsedad.

Eso constituye los tres primeros mandamientos del Decálogo en la primera tabla. El cuarto mandamiento pareciera como poco inherente a la vida. Pero justamente comprendido es el que más se corresponde con ella. El cuarto mandamiento es como la conclusión a la que conducen los primeros tres que hacen negaciones.

El cuarto mandamiento se plantea en propuesta positiva: "acuérdate del día de reposo para santificarlo..." Y aunque hace negaciones, como "no hagas en él obra alguna...", primero presenta el deber espontáneo ante un ejemplo y testimonio divinos.

El sábado no es un constructo social opcional: es un tiempo dentro de la ordenación de la naturaleza, invariable e inevitable. Es el vínculo entre Dios, el hombre y la naturaleza. Dios lo dispuso como a las plantas y al hombre; y lo bendijo.

Es el mandamiento que completa la primera tabla y define los deberes del hombre para con Dios. Ninguno es opcional ni cuestionable.

La naturaleza creada por Dios y su ordenación se constituyen en ley para el hombre. El sábado es parte del tiempo ordenado por Dios y sobre él hizo señalamientos que comprometen al hombre. Violar la ley natural es incurrir en falta moral.

Pero en el sábado no solo hay una ordenación del tiempo y la naturaleza sino que de la Palabra creadora, es decir, de Dios. La voz de Dios está ligada a cada ordenamiento natural, y el sábado tiene atributos particulares en torno a la adoración. La exigencia es concentrarse exclusivamente en la adoración.

Eso está implícito en la naturaleza misma como lo está el verde de las plantas.

La segunda tabla también tiene ordenanzas inevitables. La vida fuera imposible sin ellas. ¿Podríamos imaginar una sociedad donde las familias no honren a sus padres?, ¿donde matar fuere opcional?, ¿donde adulterar, hurtar, calumniar, fuere legal o normal?, ¿donde la corroyente codicia arrastrare el alma a toda maldad?

Cada vez que uno medita en la decidida lucha de las religiones contra ese Decálogo, se queda perplejo. Parece como lo más irracional que pueda haber. Uno se pregunta cómo se las ingenia el Enemigo del hombre para diluir los valores esenciales de la espiritualidad y el amor.

Los judíos desde el Sinaí recibieron el Decálogo. Pero no fue una novedad hecha a la medida particular de ellos. Solamente recibieron lo que ignoraban y que habían dejado de percibir como sociedad mancillada por el pecado. Tal como ocurre con la sociedad actual en grado más alarmante.

Que la religión sea hoy precisamente la que resiste el Decálogo revela una profundidad de caída moral alarmante. Es una oposición decidida y efervescente. Todo radica más en el rechazo del cuarto mandamiento, por el cuál se niega la vigencia de los demás.

Sin embargo, el Sabbath conecta al hombre en sus dos etapas pre y post caída. El sábado establecía antes de la caída el pacto de encuentro entre el ser creado puro y santo con su Creador, y posteriormente lo atraía por la redención a la comunión perdida.

La definición del sábado como un día santificado, bendecido y de reposo por parte de Dios, comprometía al hombre anfitrión a la convocatoria con actitud de adoración, por la razón de que "en seis día hizo Jehová los cielos, la tierra el mar y todas las cosas que en ellos hay".

Dado que el ciclo semanal no se interrumpió con la caída, el tiempo del reposo no se desvaneció, de la misma manera que los días de trabajo y el trabajo mismo se sucedieron según el diseño original.

Toda respuesta moral del hombre está circunscrita a lo que atiende a la vida y a la paz en cualquier lugar y época. Ningún punto del Decálogo queda fuera.

Que el Señor te ayude a ver las bendiciones del Decálogo en cada acción de tu vida.

Bendiciones.
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CONRAD VINE, EL DIEZMO Y LA FIDELIDAD ECLESIAL Por Abraham Sánchez  "Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de...
30/07/2026

CONRAD VINE, EL DIEZMO Y LA FIDELIDAD ECLESIAL
Por Abraham Sánchez

"Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti" (Génesis 28:22).

La Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD) posiblemente sea la denominación que haya estructurado una teología más robusta y bíblica sobre el diezmo.

De todos modos la Iglesia no nació con una comprensión sobre el tema, y le costó años llegar hasta el planteamiento que posee actualmente. Sería bueno que usted dedicara un poco de tiempo (si no lo ha hecho) a ver cómo progresó la iglesia hasta el punto de un diezmo del 10% de todas las entradas percibidas, tal como se desprende de la Biblia.

Pero la pregunta del millón es si ya se ha llegado a la comprensión completa del tema; si acaso no puede haber más luz que determine una fidelidad más relacionada con la misión y el ministerio. O si quizás los fieles han sido alcanzados por la verdadera fidelidad y su derecho de ejercerla en la libertad cristiana.

Precisamente ésta es la reciente discusión que ha estado reviviendo el Dr. Conrad Vine y que ha sacudido algunos sectores del adventismo. Incluso aún movimientos descentralizados fieles a los principios doctrinales de la Iglesia más que a su organigrama administrativo, han tomado posturas en relación a la discusión y han resistido los planteamiento de Conrad y lo han aislado.

Creo que es saludable la disposición a mantener vivo el análisis de todo punto doctrinal. Nadie debe asumir la posición de que está cerrado el estudio sobre una enseñanza y que no pudiéramos crecer a mayor discernimiento.

De todas maneras es un tema muy comprometedor. Si alguna discusión bíblica puede exacerbar los espíritus habitualmente sosegados es el relacionado con el diezmo.

Pero no se trata de la discusión barata e insustancial que presenta la teología evangélica sobre una abolición del diezmo acusándolo de ley mosaica; que ignora a conveniencia la práctica del diezmo que existía aún sin haber nación judía.

Tampoco se trata del oportunismo de los disidentes, o enemigos de la iglesia que quieren pescar en mar revuelto solo para debilitar la influencia de la Iglesia depositaria de la verdad y compromisaria de la verdad del tiempo del fin.

Se trata de un auto análisis de la visión eclesial de un tema fundamental para la misión evangélica y nuestra definición estructural.

Una definición de iglesia es fundamental para la práctica de diezmar. Sin embargo lo más importante es comprender la naturaleza espiritual del compromiso. En la vida religiosa hay enseñanzas que son definiciones doctrinales que nos dan la precisión de un significado correcto, pero otras son, más que doctrinas, principios de fe personales.

Por ejemplo, podemos saber que Cristo viene en forma visible y que todo ojo le verá; pero si viniera en forma que solo lo vieran los que le esperan, nuestra fe en el Señor posiblemente no cambiaría por eso.

En otras palabras, hay prácticas que son mayormente un ejercicio de fe que una prueba de discipulado o una condición de filiación religiosa o más que una interpretación denominacional. Aunque la iglesia y los maestros o pastores deben instruir sobre el deber de diezmar, el énfasis debe centrarse en el ejercicio de fe que implica.

Diezmar no debe ser un compromiso denominacional sino un ejercicio íntimo de fe; algo que ocurre entre Dios y el creyente sin que intervenga una autoridad humana o que ésta no sea el juez.

No que la iglesia queda fuera del objetivo del oferente fiel, sino que el órgano de la iglesia no se constituye en el juez de ese ejercicio, porque diezmar es una prueba de fe que tiene la conciencia como único árbitro.

De todas maneras, el guía espiritual siempre puede y debe apelar al buen ejercicio de la fe, y la iglesia es un canal para eso. El punto está en saber definir la diferencia entre una prueba de discipulado y la libertad de proceder como principio de fe que está por encima del medio temporal.

Una ilustración clara de que el diezmo es un pacto de fe con Dios fuera de cualquier compromiso humano es que Abraham y Jacob hicieron votos de fidelidad cuando no había concilio religioso alguno.

No es que no había misión. Porque el evangelio es la misión de todo hijo de Dios desde que hubo pecado. Pero ellos se centraron en la fundación de lugares de culto para la adoración del Dios verdadero y el sostén del ministerio reconocido como garante y propulsor de la continuidad del reino de Cristo.

Así vemos a Abraham sosteniendo el ministerio de Melquisedec y a Jacob fundando un centro de adoración. En todo caso, fueron compromisos con Dios que no tenían una agencia como regente sino una disposición nacida de una convicción íntima ante Dios y el celo de la verdad. Una manera personal de ver canales y medios efectivos.

La práctica del diezmo no nació con nuestra denominación Adventista. La Iglesia Católica ha creído y enseñado la práctica del diezmo y así muchas iglesias protestantes lo adoptaron posteriormente. Los judíos fueron los primeros que adaptaron un sistema sustentado por diezmos.

En la carta a los Hebreos, Pablo argumenta sobre la libertad de la nueva iglesia cristiana de diezmar al nuevo ministerio cristiano antes que al tradicional levítico, ya que por la fe y la promesa había llegado a ser superior. Un diezmo basado en un sistema no tradicional ni centralizado, según el orden de Melquisedec. Enla iglesia primitiva no existía esa centralización que algunos suponen.

Pero ¿cómo es posible que las instituciones mueren y el diezmo sigue? ¿Cómo es que la lealtad institucional queda en el olvido y la fe que sustenta la misión permanece?

Todo ese pensamiento está en el trasfondo del análisis de Conrad Vine. Conrad posiblemente tiene luces y sombras en su exposición. O posiblemente tiene enfoques que deba aclarar.

Por ejemplo, que Conrad Vine desautorice a la Iglesia organizada por causa de algunos errores, como propulsar la vacunación. Pero errores de procedimientos no desautorizan la Iglesia.

Aunque cada fiel debe asumir la responsabilidad de que sus diezmos y ofrendas lleguen a un fin garantizado por ellos mismos como mayordomos, la autoridad que se le reconoce a la iglesia está basada en puntos capitales más elevados, como la proclamación de la ley, el sábado y la salvación en Cristo.

Pero el diezmo es, antes que todo, un ejercicio de fe que define focos de misión en la responsabilidad personal con Dios, como fue el caso de Abraham, Jacob y sus descendientes, hasta que hubo pueblo institucionalizado.

Concebir el deber de diezmar primeramente como un deber institucional es algo así como ostentar sobre la infalibilidad institucional, y respaldar la derogación de la responsabilidad personal en una entidad humana falible.

El pueblo de Dios ha cambiado de geografías, de familias y de organizaciones a través del tiempo; porque se trata de creyentes fieles que asumen el compromiso de la verdad. Es una antorcha que pasa de mano en mano a través de la historia.

Aunque se ha vendido mucho la idea de que la responsabilidad del diezmo no es propia del oferente, ese argumento es inadecuado e insustentable. Dios colocó a cada uno en esa responsabilidad para que se mantuviera como un ejercicio de fe y, segundo, para que cada uno hiciera posible la continuidad de la obra cuando la mano humana se desviara o al menos se descuidara, como es posible y frecuente.

No quiere decir que cada quien es un ente sin inserción. La iglesia es un cuerpo armonioso; pero la misión no deja de ir de lo personal a lo colectivo. Del llamado a la integración. Lo colectivo se nutre de lo personal y el colectivo de la iglesia se apoya en la fidelidad individual vigilante, preceptora y responsable.

Como en el caso de Abraham y Jacob, diezmar es un deber que define necesidades misiológicas focalizadas. Si bien Dios tiene una obra en el mundo y una Iglesia en el mundo, no se puede demostrar que Dios tiene una administración centralizada globalmente. A la Iglesia global solo le toca hacer planes de alcance global que las iglesias discutan y acepten localmente. Un plan de cooperación.

No quiero decir que Dios no tenga una iglesia en el mundo, pero los creyentes siempre están en una ocupación focal o inmediata. De todos modos es deber de los creyentes atender a la expansión de la obra en el mundo, pero ese deber lo asume el creyente a su responsabilidad aún a través de las agencias viables y que le toca definir. Es como una rueda dentro de otras.

Si no fuera deber del creyente definir el destino final del diezmo siendo un ente responsable elegido y llamado por Dios, cualquier institución pudiera reclamar el derecho por antigüedad o exclusividad o por infalibilidad. Aún hoy los creyentes diezmaran a la primera institución de la historia que poseyó la doctrina del diezmo.

Dios tiene mil formas de sustentar su causa, pero quiso confiar esa responsabilidad a los hombres. Ellos deben ser agradecidos y responsables de que el diezmo confiado tenga un fin que salve almas.

Algunos ven como propio de una obra Satánica destructiva de "la iglesia de Dios", el derecho y deber de cada creyente de garantizar que el diezmo llegue a las manos del ministerio que cumple con la misión. Pero la misión encomendada por Dios no consiste en sostener a una entidad por santa que sea sino la misión de salvar almas para el reino de los cielos. En ese propósito colocó Dios al ministerio que le da cuenta a él.

El concepto de que el ministro del evangelio se debe primero a una institución antes que a la misión a la que fue llamado o al Dios que lo llamó, es uno de los grandes errores en que nos estancamos.

La idea de un canal exclusivo y centralizado es posiblemente el escalón al que no ha querido crecer la comprensión doctrinal Adventista. Naturalmente que esta realidad requiere de mucha madurez, y equilibrio para que la mayoría no espiritual la asimile sin llegar a la distorsión egoísta ni al oportunismo.

Venimos de un modelo congregacional (1844-1863) hasta un gobierno representativo posterior que ha ido absorbiendo del todo al primero y original sobre el que se levantó para protegerlo. La identidad básica de la iglesia se ha diluido y tras ello la responsabilidad individual de fe.

La Organización no nació para desplazar el congregacionalismo sino para protegerlo. Nació para proteger a cada ministro y apoyar a cada congregación. Desplazarlas es romper el derecho, la libertad, la autoridad, y el canal que Dios tiene como su recurso supremo.

Dios actuará en esta fase final por medios nunca vistos. Él mismo estará al frente de su pueblo. Usará medios no reconocidos por la autoridad humana.

La carta Watson de Elena White, es un ejemplo muy claro de que a veces lo que se ha establecido como doctrina puede ser una mera sugestión humana. (Aquí les dejo un link para el que quiera leerla). https://es.scribd.com/document/358555674/La-Carta-Watson

Que el Señor te ayude a llevar una religión de fe sobre lo dogmático. Que puedas asumir tu responsabilidad individual para el bien del colectivo de la iglesia, y sobre todo para la garantía de la misión.

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23/07/2026

⚠️ J. D. VANCE PROPONE UNA “REVERSIÓN NACIONAL” HACIA EL CRISTIANISMO

Una reseña publicada por el medio católico National Catholic Register analiza el nuevo libro de J. D. Vance, Communion: Finding My Way Back to Faith, y llega a una conclusión importante: Vance no solamente relata su conversión personal al catolicismo, sino que propone que Estados Unidos también regrese a sus raíces cristianas.

Según la reseña, Vance considera que el cristianismo debe recuperar un papel central en la vida pública, influyendo en los valores sociales, la economía y las políticas de la nación. Aunque afirma que no todos los estadounidenses tienen que ser cristianos, sostiene que el cristianismo debería convertirse nuevamente en el “credo” y el “lenguaje moral compartido” del país.

Uno de los ejemplos más reveladores tiene relación con el domingo. Vance señala que las iglesias tendrán dificultades para atraer a los trabajadores si estos son obligados a trabajar los domingos. La propia reseña interpreta esta afirmación como una posible justificación para la intervención política destinada a crear un ambiente favorable para la práctica religiosa.

Debemos ser equilibrados: el artículo no afirma que Vance esté solicitando una persecución religiosa ni anuncia una ley dominical inmediata. Incluso reconoce que el Gobierno no puede producir una conversión genuina. Sin embargo, sí documenta una corriente política que considera legítimo utilizar las instituciones y las leyes para moldear religiosamente la sociedad.

📖 La preocupación profética no consiste en que los trabajadores descansen ni en que los cristianos compartan sus valores.

El peligro comienza cuando el poder civil:

▪️ Define cuál día religioso debe ser protegido.
▪️ Favorece una práctica religiosa determinada.
▪️ Utiliza la ley para dirigir la conciencia y la adoración.

Apocalipsis 13 advierte que llegará el momento cuando el poder político de Estados Unidos apoyará exigencias religiosas. La imposición no necesariamente comenzará con persecución abierta, sino con argumentos aparentemente positivos: proteger a la familia, recuperar los valores, promover la unidad nacional y garantizar un día común de descanso.

Por eso debemos observar estos acontecimientos con prudencia, sin sensacionalismo, pero también sin ignorar su posible significado profético.

La fe verdadera produce obediencia por convicción.
La falsa religión termina buscando obediencia mediante la legislación.

📌 ¿Estamos presenciando la preparación ideológica para una futura unión entre la religión y el Estado?

Artículo completo:
https://leydominical.com/2026/07/21/j-d-vance-apoya-las-leyes-dominicales/

EL BAUTISMO DEL DESIERTOPor Abraham Sánchez La Biblia nos habla de uno de los personajes más revolucionarios y enigmátic...
12/07/2026

EL BAUTISMO DEL DESIERTO
Por Abraham Sánchez

La Biblia nos habla de uno de los personajes más revolucionarios y enigmáticos que podamos conocer. Juan el bautista. (Mateo cap. 3).

La biografía que se narra de él es muy escueta y no luce el estrellato que se ve en los líderes de la teología de hoy ni en los guías de las masas religiosas.

En el presente nosotros con dificultad podremos captar la realidad de su comportamiento y presencia. Tenemos una visión simpática de él. Pero si profundizamos es posible que muchos, quizá la mayoría de los que lo miramos con agrado, lo repudiaríamos. Por lo menos lo veríamos con mucha sospecha y prejuicio.

Dice que vestía pelo de camello, que comía langosta y miel, y vivía en el desierto. ¿Usted cree que un personaje ya así descrito da un perfil que se pueda asimilar? No por el común.

Pero si tan solo el caso de Juan fuera que viviera así su vida, no nos importaría tanto, quizá; pero también tenía un discurso. Llamaba al arrepentimiento, no a los paganos; los invitaba a bautizarse, ¡y anunciaba un reino distinto, a gente que tenía su religión como su reino! ¡De verdad que era revolucionario!

Dice la Biblia que Juan llamaba “generación de víboras” a la clase intelectual, política y sacerdotal de esa sociedad. A quienes la gente tenía como guías.

La palabra generación nos dice que la preocupación de Juan miraba hacia la situación de una sociedad que ha cambiado sus valores por otros falsos, y evidentemente los responsables de eso eran aquellos a quienes dirigió la acusación. Pero los fariseos y saduceos venían a su bautismo sabiendo así disimular ante el pueblo su impiedad.

Uno se pregunta ¿cómo hacía Juan para decir “generación de víboras” a un sector tal y a la vez seguir teniendo simpatía y que disimularan creer en él?

El carácter de Juan uno tiene que imaginárselo muy dulce si estaba lleno del Espíritu Santo desde su nacimiento. Los frutos de mansedumbre, humildad, benignidad, paciencia, de seguro que los poseía como ninguna persona. No había nacido ningún hombre como él. ¿Cómo estar investido así y a la vez proferir hacia otros una acusación semejante? El Espíritu tiene mucho que enseñarnos.

Los fariseos y saduceos sabían lo que significaba “generación de víboras.” Ya en Génesis se había declarado que la simiente de la serpiente perseguiría a la mujer para herirla en el calcañar. Entonces se trataba de los hijos del diablo. Jesús también les dijo “vosotros sois hijos de vuestro padre, el diablo”. También los categorizaba como los reales perseguidores de la verdadera iglesia.

En realidad el mensaje de Juan revela la lucha entre dos clases. Y podemos decir, entre dos iglesias. Juan les pedía a unos que dieran frutos de arrepentimiento. Porque no basta con la forma de la religión. No con la registración legal. Una clase que puede demostrar su feligresía pero que vive ajena a todas las exigencias de la fe, que implican abnegación y sacrificio, subyugación de la voluntad…, no puede haber mayor engaño.

Pero si somos depositarios de la verdad y guardamos nuestras crónicas hasta nuestros padres pioneros, podemos decir satisfechos: somos herederos de la religión verdadera; poseedores. Juan, asombrosamente desarmó ese concepto profundamente arraigado: salvos por naturaleza; por herencia; denominadamente.

Les dijo: “no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre, porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.” ¡Qué simple es para Dios!

En realidad esta última es una verdad que resulta definitivamente inadmisible: Cuando se puede demostrar que somos los depositarios de la verdad, basta.

Entonces ser el pueblo verdadero tiene sus ventajas, pero no es suficiente. No atrapa a Dios. No acorrala a los fieles. Ellos pueden huir al desierto. En un repentino momento las masas pueden ser atraídas al desierto por el mismo Espíritu que llevó a Juan. Aceptan el llamado a un arrepentimiento e incluso aceptan y apoyan el bautismo del desierto.

“Cuando el Espíritu de Dios conmueve el alma con su maravilloso poder de despertarla, humilla el orgullo humano. El placer mundanal, la jerarquía y el poder son tenidos por inútiles. Son destruidos los ‘consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios,’ y se sujeta ‘todo intento a la obediencia de Cristo.’ Entonces la humildad y el amor abnegado, tan poco apreciados entre los hombres, son ensalzados como las únicas cosas de valor. Tal es la obra del Evangelio, de la cual el mensaje de Juan era una parte.” DTG 108.

El bautismo del desierto no es la prestigiosa inmersión a la que estamos acostumbrados. Subyacía la interrogante sobre la autoridad: “¿por qué, pues, bautizas?” El bautismo era la práctica del proscrito. Del desierto y no del orden establecido. Era un insulto y desenmascaramiento a una clase. Era la invitación y llamado a un nuevo reino. “El reino de los cielos se ha acercado.”

El bautismo bíblico es el voto por el cual negamos el orden transitorio. A cambio de una vida genuina.

Refiriéndose al rey del nuevo reino y a la realidad innegable de que se trataba de una transición, Juan declaró: “Además, el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.”

A la verdad que los Judíos no tenían despejados sus ojos para aceptar que ellos podían ser ese árbol. Ninguna denominación acepta eso. Pero Juan y Jesús demostraron que ese pensamiento es una utopía, aun cuando se es pueblo escogido.

Porque Dios puede levantar hijos a Abraham hasta de las piedras. Para el caso judío era un hecho: ya el hacha estaba en el árbol.

“Pero Dios tendrá en la tierra un pueblo que sostendrá la Biblia y la Biblia sola, como piedra de toque de todas las doctrinas y base de todas las reformas. Ni las opiniones de los sabios, ni las deducciones de la ciencia, ni los credos o decisiones de concilios tan numerosos y discordantes como lo son las iglesias que representan, ni la voz de las mayorías, nada de esto, ni en conjunto ni en parte, debe ser considerado como evidencia en favor o en contra de cualquier punto de fe religiosa. Antes de aceptar cualquier doctrina o precepto debemos cerciorarnos de si los autoriza un categórico ¿Así dice Jehová.”

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