30/07/2026
CONRAD VINE, EL DIEZMO Y LA FIDELIDAD ECLESIAL
Por Abraham Sánchez
"Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti" (Génesis 28:22).
La Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD) posiblemente sea la denominación que haya estructurado una teología más robusta y bíblica sobre el diezmo.
De todos modos la Iglesia no nació con una comprensión sobre el tema, y le costó años llegar hasta el planteamiento que posee actualmente. Sería bueno que usted dedicara un poco de tiempo (si no lo ha hecho) a ver cómo progresó la iglesia hasta el punto de un diezmo del 10% de todas las entradas percibidas, tal como se desprende de la Biblia.
Pero la pregunta del millón es si ya se ha llegado a la comprensión completa del tema; si acaso no puede haber más luz que determine una fidelidad más relacionada con la misión y el ministerio. O si quizás los fieles han sido alcanzados por la verdadera fidelidad y su derecho de ejercerla en la libertad cristiana.
Precisamente ésta es la reciente discusión que ha estado reviviendo el Dr. Conrad Vine y que ha sacudido algunos sectores del adventismo. Incluso aún movimientos descentralizados fieles a los principios doctrinales de la Iglesia más que a su organigrama administrativo, han tomado posturas en relación a la discusión y han resistido los planteamiento de Conrad y lo han aislado.
Creo que es saludable la disposición a mantener vivo el análisis de todo punto doctrinal. Nadie debe asumir la posición de que está cerrado el estudio sobre una enseñanza y que no pudiéramos crecer a mayor discernimiento.
De todas maneras es un tema muy comprometedor. Si alguna discusión bíblica puede exacerbar los espíritus habitualmente sosegados es el relacionado con el diezmo.
Pero no se trata de la discusión barata e insustancial que presenta la teología evangélica sobre una abolición del diezmo acusándolo de ley mosaica; que ignora a conveniencia la práctica del diezmo que existía aún sin haber nación judía.
Tampoco se trata del oportunismo de los disidentes, o enemigos de la iglesia que quieren pescar en mar revuelto solo para debilitar la influencia de la Iglesia depositaria de la verdad y compromisaria de la verdad del tiempo del fin.
Se trata de un auto análisis de la visión eclesial de un tema fundamental para la misión evangélica y nuestra definición estructural.
Una definición de iglesia es fundamental para la práctica de diezmar. Sin embargo lo más importante es comprender la naturaleza espiritual del compromiso. En la vida religiosa hay enseñanzas que son definiciones doctrinales que nos dan la precisión de un significado correcto, pero otras son, más que doctrinas, principios de fe personales.
Por ejemplo, podemos saber que Cristo viene en forma visible y que todo ojo le verá; pero si viniera en forma que solo lo vieran los que le esperan, nuestra fe en el Señor posiblemente no cambiaría por eso.
En otras palabras, hay prácticas que son mayormente un ejercicio de fe que una prueba de discipulado o una condición de filiación religiosa o más que una interpretación denominacional. Aunque la iglesia y los maestros o pastores deben instruir sobre el deber de diezmar, el énfasis debe centrarse en el ejercicio de fe que implica.
Diezmar no debe ser un compromiso denominacional sino un ejercicio íntimo de fe; algo que ocurre entre Dios y el creyente sin que intervenga una autoridad humana o que ésta no sea el juez.
No que la iglesia queda fuera del objetivo del oferente fiel, sino que el órgano de la iglesia no se constituye en el juez de ese ejercicio, porque diezmar es una prueba de fe que tiene la conciencia como único árbitro.
De todas maneras, el guía espiritual siempre puede y debe apelar al buen ejercicio de la fe, y la iglesia es un canal para eso. El punto está en saber definir la diferencia entre una prueba de discipulado y la libertad de proceder como principio de fe que está por encima del medio temporal.
Una ilustración clara de que el diezmo es un pacto de fe con Dios fuera de cualquier compromiso humano es que Abraham y Jacob hicieron votos de fidelidad cuando no había concilio religioso alguno.
No es que no había misión. Porque el evangelio es la misión de todo hijo de Dios desde que hubo pecado. Pero ellos se centraron en la fundación de lugares de culto para la adoración del Dios verdadero y el sostén del ministerio reconocido como garante y propulsor de la continuidad del reino de Cristo.
Así vemos a Abraham sosteniendo el ministerio de Melquisedec y a Jacob fundando un centro de adoración. En todo caso, fueron compromisos con Dios que no tenían una agencia como regente sino una disposición nacida de una convicción íntima ante Dios y el celo de la verdad. Una manera personal de ver canales y medios efectivos.
La práctica del diezmo no nació con nuestra denominación Adventista. La Iglesia Católica ha creído y enseñado la práctica del diezmo y así muchas iglesias protestantes lo adoptaron posteriormente. Los judíos fueron los primeros que adaptaron un sistema sustentado por diezmos.
En la carta a los Hebreos, Pablo argumenta sobre la libertad de la nueva iglesia cristiana de diezmar al nuevo ministerio cristiano antes que al tradicional levítico, ya que por la fe y la promesa había llegado a ser superior. Un diezmo basado en un sistema no tradicional ni centralizado, según el orden de Melquisedec. Enla iglesia primitiva no existía esa centralización que algunos suponen.
Pero ¿cómo es posible que las instituciones mueren y el diezmo sigue? ¿Cómo es que la lealtad institucional queda en el olvido y la fe que sustenta la misión permanece?
Todo ese pensamiento está en el trasfondo del análisis de Conrad Vine. Conrad posiblemente tiene luces y sombras en su exposición. O posiblemente tiene enfoques que deba aclarar.
Por ejemplo, que Conrad Vine desautorice a la Iglesia organizada por causa de algunos errores, como propulsar la vacunación. Pero errores de procedimientos no desautorizan la Iglesia.
Aunque cada fiel debe asumir la responsabilidad de que sus diezmos y ofrendas lleguen a un fin garantizado por ellos mismos como mayordomos, la autoridad que se le reconoce a la iglesia está basada en puntos capitales más elevados, como la proclamación de la ley, el sábado y la salvación en Cristo.
Pero el diezmo es, antes que todo, un ejercicio de fe que define focos de misión en la responsabilidad personal con Dios, como fue el caso de Abraham, Jacob y sus descendientes, hasta que hubo pueblo institucionalizado.
Concebir el deber de diezmar primeramente como un deber institucional es algo así como ostentar sobre la infalibilidad institucional, y respaldar la derogación de la responsabilidad personal en una entidad humana falible.
El pueblo de Dios ha cambiado de geografías, de familias y de organizaciones a través del tiempo; porque se trata de creyentes fieles que asumen el compromiso de la verdad. Es una antorcha que pasa de mano en mano a través de la historia.
Aunque se ha vendido mucho la idea de que la responsabilidad del diezmo no es propia del oferente, ese argumento es inadecuado e insustentable. Dios colocó a cada uno en esa responsabilidad para que se mantuviera como un ejercicio de fe y, segundo, para que cada uno hiciera posible la continuidad de la obra cuando la mano humana se desviara o al menos se descuidara, como es posible y frecuente.
No quiere decir que cada quien es un ente sin inserción. La iglesia es un cuerpo armonioso; pero la misión no deja de ir de lo personal a lo colectivo. Del llamado a la integración. Lo colectivo se nutre de lo personal y el colectivo de la iglesia se apoya en la fidelidad individual vigilante, preceptora y responsable.
Como en el caso de Abraham y Jacob, diezmar es un deber que define necesidades misiológicas focalizadas. Si bien Dios tiene una obra en el mundo y una Iglesia en el mundo, no se puede demostrar que Dios tiene una administración centralizada globalmente. A la Iglesia global solo le toca hacer planes de alcance global que las iglesias discutan y acepten localmente. Un plan de cooperación.
No quiero decir que Dios no tenga una iglesia en el mundo, pero los creyentes siempre están en una ocupación focal o inmediata. De todos modos es deber de los creyentes atender a la expansión de la obra en el mundo, pero ese deber lo asume el creyente a su responsabilidad aún a través de las agencias viables y que le toca definir. Es como una rueda dentro de otras.
Si no fuera deber del creyente definir el destino final del diezmo siendo un ente responsable elegido y llamado por Dios, cualquier institución pudiera reclamar el derecho por antigüedad o exclusividad o por infalibilidad. Aún hoy los creyentes diezmaran a la primera institución de la historia que poseyó la doctrina del diezmo.
Dios tiene mil formas de sustentar su causa, pero quiso confiar esa responsabilidad a los hombres. Ellos deben ser agradecidos y responsables de que el diezmo confiado tenga un fin que salve almas.
Algunos ven como propio de una obra Satánica destructiva de "la iglesia de Dios", el derecho y deber de cada creyente de garantizar que el diezmo llegue a las manos del ministerio que cumple con la misión. Pero la misión encomendada por Dios no consiste en sostener a una entidad por santa que sea sino la misión de salvar almas para el reino de los cielos. En ese propósito colocó Dios al ministerio que le da cuenta a él.
El concepto de que el ministro del evangelio se debe primero a una institución antes que a la misión a la que fue llamado o al Dios que lo llamó, es uno de los grandes errores en que nos estancamos.
La idea de un canal exclusivo y centralizado es posiblemente el escalón al que no ha querido crecer la comprensión doctrinal Adventista. Naturalmente que esta realidad requiere de mucha madurez, y equilibrio para que la mayoría no espiritual la asimile sin llegar a la distorsión egoísta ni al oportunismo.
Venimos de un modelo congregacional (1844-1863) hasta un gobierno representativo posterior que ha ido absorbiendo del todo al primero y original sobre el que se levantó para protegerlo. La identidad básica de la iglesia se ha diluido y tras ello la responsabilidad individual de fe.
La Organización no nació para desplazar el congregacionalismo sino para protegerlo. Nació para proteger a cada ministro y apoyar a cada congregación. Desplazarlas es romper el derecho, la libertad, la autoridad, y el canal que Dios tiene como su recurso supremo.
Dios actuará en esta fase final por medios nunca vistos. Él mismo estará al frente de su pueblo. Usará medios no reconocidos por la autoridad humana.
La carta Watson de Elena White, es un ejemplo muy claro de que a veces lo que se ha establecido como doctrina puede ser una mera sugestión humana. (Aquí les dejo un link para el que quiera leerla). https://es.scribd.com/document/358555674/La-Carta-Watson
Que el Señor te ayude a llevar una religión de fe sobre lo dogmático. Que puedas asumir tu responsabilidad individual para el bien del colectivo de la iglesia, y sobre todo para la garantía de la misión.
Bendiciones.
Abraham Sánchez 👈
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