20/07/2026
LA NEUROPLASTICIDAD QUE TODAVÍA NO ESTAMOS VIENDO
Carta al director del periódico Hoy.
Dos artículos publicados hoy en el periódico HOY abren una conversación necesaria. El doctor Durken sostiene que no existen enfermedades mentales estrictamente hereditarias y recuerda que los psicofármacos deben acompañarse de psicoterapia. José Miguel Gómez, en “Un puente: entre la depresión y el bienestar”, explica que los antidepresivos pueden favorecer la neuroplasticidad.
Ambos aportan algo valioso. Pero queda sin responder la pregunta decisiva:
¿QUÉ DETERMINA LA DIRECCIÓN DE LA NEUROPLASTICIDAD?
La neuroplasticidad no garantiza bienestar. El cerebro también puede volverse extraordinariamente eficiente repitiendo miedo, rumiación, dependencia, tristeza o vigilancia. Abrir una ventana de plasticidad no basta: hay que descubrir qué fortalece lo viejo y qué da paso a una organización nueva.
Cuando aparece un estado mental doloroso, casi siempre aparece también una respuesta aprendida: escapar, combatirlo, explicarlo, juzgarlo o intentar eliminarlo. Esa reacción utiliza nuevamente el mismo circuito y mantiene en movimiento el recuerdo que pretende vencer.
Pero existe otra actitud.
Permanecer con el estado con interés completo, sin intención de modificarlo.
No se busca inmovilizar el miedo, la tristeza o el pensamiento. La inmovilidad aparece cuando cesa la reacción que los alimentaba. Al no escapar, atacar, interpretar ni perseguir un resultado, el recuerdo activado deja de encontrar nuevas asociaciones con las cuales prolongarse.
El circuito anterior no es destruido. Tampoco es reprimido. Sencillamente, deja de ser utilizado y reforzado.
Simultáneamente, la alternativa situada fuera de la repetición comienza a cobrar fuerza. No es una alternativa inventada por el pensamiento, porque todo lo que el pensamiento propone procede de lo ya conocido. Es la realidad no condicionada que aparece cuando el recuerdo deja de ocupar todo el funcionamiento.
Aquí puede completarse el puente:
El psicofármaco puede disminuir la rigidez y favorecer la plasticidad.
La psicoterapia puede acompañar y aportar comprensión.
Pero la atención con interés, libre de intención, impide que la plasticidad recién abierta sea nuevamente colonizada por el mismo recuerdo.
Por eso no basta con hablar de fármacos y psicoterapia. La psicoterapia también puede reforzar el circuito antiguo cuando convierte el recuerdo en una historia repetida, una explicación permanente o una identidad: “soy depresivo”, “soy ansioso”, “soy víctima de aquello que ocurrió”.
La cuestión no consiste en borrar el pasado, sino en dejar de movilizarlo continuamente en el presente.
El verdadero puente entre la depresión y el bienestar no es únicamente químico ni psicológico. Es funcional: aparece cuando lo condicionado permanece a la vista sin ser combatido, obedecido ni reforzado.
Entonces ocurre algo extraordinario:
LO CONDICIONADO PIERDE FUERZA POR FALTA DE UTILIZACIÓN, MIENTRAS LA REALIDAD NO CONDICIONADA COMIENZA A FUNCIONAR.
No se trata de creerlo.
Se trata de comprobarlo.
Miguel Aristy