15/06/2026
La vaina con la vida social de nuestros hijos es que muchas veces depende de nuestra vida social también.
Y ahí es donde la cosa se me complica.
Porque me encanta que tenga experiencias bonitas.
Que comparta.
Que haga amistades.
Que tenga su coro.
Pero honestamente…
a mí me cuesta.
Me cuesta hacer amistades adultas.
Me cuesta sostener ciertas interacciones sociales.
Me cuesta el ruido, el calor, los espacios llenos de gente, las conversaciones eternas y toda la energía que algunas actividades me piden.
Y mientras más me conozco, menos dispuesta estoy a pasar horas forzándome a encajar en espacios que me dejan drenada después.
A veces me siento sola navegando esa parte de la maternidad.
Porque quiero una cosa.
Pero mi sistema nervioso muchas veces necesita otra.
Y encontrar el balance entre ambas no siempre es tan sencillo como la gente cree.