21/06/2026
¡Viva el mejor padre del planeta Tierra y del cielo!
Cuando el mundo se mide en luchas, en esfuerzos, en trabajo arduo y el tiempo en enseñanzas, estaba Él ahí.
Era el viento que empujaba nuestras velas enseñandonos a pisar tierra firme. Su voz, a veces, severa y firme, no era mandato, era brújula; su silencio no era ausencia sino presencia que cuando grandes sabemos que fue sabiduría.
Día a día nos mostraba el mapa de la honestidad y la hombría de bien, la llave de la perseverancia y el empuje hasta lograr lo que se sueña sin que importe a veces hambre, a veces frío, sangre, sudor, lágrimas, malas noches, amanecidas, pero siempre enseñándonos con sus actos cómo forjar el carácter con pundonor.
Nos enseñaba que ser fuerte es también doblarse pero nunca romperse, y que la mayor herencia no está en lo que se tiene, sino en lo que se es con su apoyo.
Hoy, padre, no importa cuantas veces lo digamos, nunca será suficiente, no alcanzará ninguna palabra o poema, pues no hay ni habrá palabras tan exactas para expresar nuestra gratitud, y, si la gratitud tuviera forma, sería tu retrato.
Aquí te quedaste, no te fuiste, porque vives de guía en nuestros pasos, en nuestras palabras, en nuestra forma de mirar al mundo. Y mientras respiremos seguirás siendo el origen de nuestro asombro.
Gracias por haber sido nuestro héroe sin capa, nuestro maestro sin pizarra, nuestro hogar sin muros.
Cuando el mundo se queda en silencio y el sol se tiñe de oro viejo, recordamos tu incansable ímpetu en el trabajo, tu enfoque, tu disciplina y perseverancia en la incesante labor de hacernos buenos hijos con la honradez y la humildad como portaestandarte. Ahora sabemos que no ordenabas sino que guiabas.
Hoy, Día del Padre, no necesitamos llevar flores donde tú ya no estás, ni tampoco arañar la tierra para buscarte, tu alma está aquí, etérea, habitando en nuestros pechos y en todas partes. Porque un padre ejemplar no se va, se vuelve viento que empuja, agua que calma, fuego que ilumina en la noche de nuestras dudas.
Fuiste nuestra primera palabra y nuestra última lección. Nos enseñaste que con "ñeque" todo se puede, amaste al hogar sin medida.
Te recordamos en cada acto honesto, renunciando a las tentaciones de la maldad y la codicia desvergonzada que da las riquezas malhabidas a costa del engaño y de la explotación al prójimo.
No hay nada que alcance la grandeza de un buen padre. Por eso, hoy, padre, te honramos con nuestra voz y nuestro silencio. Con nuestro caminar y nuestra memoria. Porque mientras vivamos, tú seguiras siendo...aunque ya no esté tu cuerpo.
Gracias por ser nuestra raíz y nuestro vuelo. Gracias por ese firme apoyo a nuestros sueños que nos diste por herencia, la mejor, que hoy, ya con muchos años encima, llevamos de insignia.
A esos padres...como fue el mío y a todos los que aún viven...
!Que vivan los buenos padres del mundo!