16/04/2026
Cuando en la infancia una experiencia es demasiado dolorosa o confusa, el cerebro puede desconectar ciertas partes de la memoria. No porque algo esté mal, sino porque necesita protegerte.
Eso es la disociación amnésica: no recordar algo que pasó, no porque quieras olvidarlo, sino porque tu mente decidió guardarlo bajo llave para que pudieras seguir adelante.
Y casi siempre, detrás de eso, suele haber un trauma relacional: heridas que vienen de los vínculos, de personas que deberían haberte cuidado y no lo hicieron. La mente, frente a ese dolor, hace lo único que puede: separarlo y fragmentarlo.
Con el tiempo, cuando hay seguridad y acompañamiento, esa puerta puede abrirse poco a poco. No para revivir el trauma, sino para integrar lo que se fragmentó y recuperar la sensación de estar completa, presente, viva.❤️🩹