11/11/2025
A veces no es la persona la que se va…
es la imagen que construiste de ella la que se desmorona frente a tus ojos.
Y duele, porque no solo pierdes lo que viviste, sino también todo lo que soñaste que iba a ser.
Te quedas mirando a alguien que sigue ahí, pero que ya no encaja en la historia que tú escribiste en tu cabeza.
Y entonces entiendes que muchas veces no amamos a las personas como son,
sino como las imaginamos cuando aún creíamos que no podían fallarnos.
Vivimos esperando que encajen con la idea que nos sostiene,
esa proyección que le pusimos de refugio, de salvación, de promesa.
Y cuando no lo hacen, sentimos que se rompe algo en el alma,
como si la realidad nos arrebatara la fantasía con la que nos manteníamos de pie.
Pero no fueron ellos.
Fue la expectativa la que nos ató.
Fue la imagen la que nos hizo depender.
Y soltarla… es el acto más honesto de amor propio.
Porque solo cuando dejas ir lo que imaginaste, puedes mirar con verdad lo que tienes delante, aunque ya no sea lo que esperabas.