13/08/2026
En una persona con diabetes, una lesión pequeña puede avanzar sin llamar mucho la atención, especialmente cuando existe pérdida de sensibilidad. Por eso, mirar los pies todos los días no es un detalle menor: permite detectar cambios cuando todavía es posible actuar sobre ellos.
La primera señal puede ser una piel muy seca, descamada o agrietada. Las grietas alteran la barrera protectora de la piel y pueden facilitar la aparición de lesiones e infecciones. La hidratación ayuda a mantener la piel íntegra, pero las cremas no deben aplicarse entre los dedos.
También hay que observar callosidades, especialmente en zonas sometidas a presión. En el pie diabético, un callo muy grueso puede deteriorarse y convertirse en una úlcera. No es recomendable cortarlo ni intentar eliminarlo con productos químicos por cuenta propia.
Una herida que no cicatriza, aunque sea pequeña y aunque no produzca dolor, merece atención. La neuropatía puede reducir la capacidad de sentir dolor, calor o frío, mientras que una circulación deficiente puede dificultar la cicatrización. Por eso, la ausencia de dolor no significa que una lesión sea inofensiva.
El enrojecimiento localizado, un cambio de color, aumento de temperatura, hinchazón o secreción también deben vigilarse, sobre todo si aparecen alrededor de una herida. Son cambios que pueden acompañar inflamación o infección y justifican una valoración profesional.
Las uñas engrosadas requieren cuidado porque pueden aumentar la presión sobre los dedos y favorecer lesiones, pero no deben interpretarse por sí solas como una señal de pie diabético. Lo importante es revisar si están causando presión, heridas o cambios en la piel.
¿Qué hacer si aparece una de estas señales?
No esperar a que duela. Revisa ambos pies diariamente, incluyendo la planta y entre los dedos. Utiliza calzado que no roce ni comprima y evita caminar descalzo. Si encuentras una úlcera, una herida que no cicatriza, enrojecimiento importante, hinchazón o signos de infección, contacta con tu equipo de salud para que determine la causa y el tratamiento adecuado. Las guías internacionales recomiendan que una úlcera del pie diabético sea evaluada y tratada de inmediato.
La prevención empieza antes de que aparezca una complicación: revisar los pies todos los días permite detectar cambios que quizá todavía no producen síntomas.