06/02/2026
A veces se cree que el rol de la psicóloga es “saber”, tener respuestas, guiar con seguridad. Pero muchas veces el verdadero trabajo es otro: aprender a no endurecerse.
Cuidar la sensibilidad, sostener la presencia. Recordar, una y otra vez, que del otro lado hay una persona confiando su intimidad, no un “caso”, no un diagnóstico, no un problema a resolver.
El valor no está en tener todo claro, sino en animarse a entrar al territorio del otro con respeto, sin invadir, sin apurar, sin minimizar. Y también en aceptar que acompañar transforma a quien acompaña.
Ojalá nunca naturalicemos el dolor ajeno. Ojalá nunca dejemos de sentir que acompañar procesos humanos es un privilegio y una responsabilidad enorme.