24/02/2026
No es solo cansancio, es indignación.
Indignación ante la explotación laboral normalizada.
Indignación ante la corrupción que convierte los cargos en favores políticos, en “apadrinamientos” y en puestos que parecen tener dueño antes de ser convocados.
La salud no puede seguir siendo moneda de cambio.
Y más grave aún: personas inescrupulosas que se hacen pasar por “tramitadores” de puestos, jugando con la necesidad y la esperanza de colegas y familias, estafando con promesas falsas. Eso no solo es delito, es una falta de ética profunda contra una profesión que debería regirse por principios.