01/07/2026
Hubo un tiempo...
en que los árboles no eran paisaje.
Eran compañía.
Las piedras no eran obstáculos.
Eran parte del camino.
El viento no era ruido.
Traía mensajes.
Y la lluvia nunca arruinaba el día.
Solo cambiaba la forma de caminar.
Los niños nacen mirando el mundo así.
No porque sepan más.
Sino porque todavía no les hemos enseñado a dejar de escuchar.
Quizá por eso muchos pueblos enseñaban primero a observar...
antes que a hablar.
Porque quien aprende a escuchar la tierra...
difícilmente deja de escuchar su propio corazón.
Tal vez crecer nunca significó dejar de ser niño.
Tal vez el verdadero desafío...
sea no olvidar la forma en que mirábamos el mundo antes de que nos convencieran de que todo tenía que explicarse.