26/05/2026
Cuando un hijo solo recibe, aprende algo peligroso: Que su lugar es esperar.
Esperar que otros resuelvan.
Esperar que otros aporten.
Esperar que otros sostengan.
Y así nunca descubre algo fundamental para su identidad:
Que él también puede dar.
Un hijo que aporta en casa no pierde infancia.
Gana valor personal.
Porque cuando contribuye…
Empieza a sentirse parte.
Parte de la familia.
Parte del esfuerzo.
Parte del sistema.
Y cuando un hijo se siente parte, cambia su identidad.
De receptor…
a participante.
Todos los hijos, según su edad, pueden aportar algo.
Poner la mesa.
Recoger sus cosas.
Ayudar en pequeñas tareas.
No es trabajo.
Es participación.
Y esa participación les enseña algo poderoso:
Que su presencia también suma.
Muchos padres creen que amar es dar.
Dar más.
Resolver más.
Evitarle incomodidades.
📌 Pero la pregunta no es cuánto le das a tu hijo.
La pregunta es: ¿qué oportunidades tiene de aportar?
VICTOR XAVIER LASSO MARCA
PSICÓLOGO CLÍNICO & PSICOTERAPÉUTA