13/05/2026
La Adopción Honrosa y la Peligrosa
Si un niño no puede ser criado por sus padres y necesita de otros padres, la primera búsqueda debe dirigirse hacia los abuelos. Es lo más inmediato.
Si éstos acogen al niño, está en buenas manos. En un caso así, también es más sencilla la vuelta a los padres si la situación cambia. Si los abuelos no pueden, o ya no están, se busca entre los tíos. Estos son los siguientes.
Sólo si no se encuentra a nadie de la familia, pueden buscarse unos padres adoptivos o de acogida.
Entonces realmente se convierte en una tarea que vale la pena. En un caso así, los padres que acogen al niño pueden estar seguros de ocupar el lugar correcto: suplen a los padres para el niño, ayudando a llevar a cabo lo que aquéllos no pudieron realizar.
Cumplen una función importante, pero como representantes ocupan el segundo lugar.
Primero vienen los padres verdaderos, como quiera que sean e independientemente de lo hayan hecho.
Si se guarda este orden, el hijo adoptivo puede respetar a los padres adoptivos y tomar lo que de ellos recibe.
De mi trabajo con familias sé que el factor decisivo es la actitud de los padres adoptivos. Si realmente actúan con las mejores intenciones para el niño la adopción tiene buenas posibilidades de salir bien.
Muchas veces, sin embargo, los padres adoptivos primeramente no tienen en cuenta los intereses del niño, sino más bien los suyos propios. En la mayoría de los casos se trata de parejas que no pueden tener hijos y se rebelan contra las limitaciones que la naturaleza misma les impone. Implícitamente le piden al niño que les proteja de su desilusión. En un caso así, quedan trastornados tanto la orientación fundamental del dar y del tomar como el orden de sus relaciones, aún antes de iniciarse éstas.
Si una pareja adopta a un niño por ellos mismos y no por el bienestar del niño, de hecho quitan un hijo a sus padres naturales para satisfacer sus propias necesidades. Es el equivalente sistémico del rapto de un niño, por lo que tiene consecuencias serias en un sistema familiar. Frecuentemente se sacrifica algo equivalente en expiación: o un hijo propio, o la relación con la pareja. En familias con las que pude trabajar, las consecuencias de adopciones por razones impropias abarcan desde el divorcio y la enfermedad hasta el ab**to voluntario e incluso la muerte. En su forma más destructiva, la dinámica se expresaba en la enfermedad o el suicidio de uno de los hijos carnales de la pareja.
En cuanto los padres adoptivos pretenden ocupar el lugar de los padres carnales, considerándose los padres mejores el hijo muchas veces se muestra solidario con los padres menospreciados, enfadándose con los padres adoptivos. Si unos padres, sin necesidad, dan a un hijo para la adopción, el hijo se enfada con sus padres, y con razón. Estos sentimientos negativos los reciben los padres adoptivos si se ponen en el lugar de los padres verdaderos.
Si, en cambio, no se consideran más que representantes, esos sentimientos se dirigen hacia los padres, y el sentimiento bueno va a los padres adoptivos. Es decir, también para los padres adoptivos es un gran alivio.
Bert Hellinger
Constelaciones Familiares