01/09/2026
Seguro te ha pasado.
Tienes algo pendiente. Sabes perfectamente qué tienes que hacer, incluso sabes que si lo haces ahora te vas a quitar un peso de encima.
Pero no empiezas.
Revisas el celular, respondes un correo, haces café, ordenas el escritorio… cualquier cosa parece más fácil que sentarte a hacer eso que tienes pendiente.
Y después viene esa sensación de alivio: “bueno, lo hago después”.
El problema es que ese pequeño alivio puede enseñarle a nuestro cerebro que evitar funciona.
Por eso, antes de decirte “soy un vago” o “no tengo disciplina”, quizá vale la pena preguntarte algo diferente:
¿Qué estoy evitando sentir cuando postergo esto?
A veces no estamos evitando una tarea.
Estamos evitando lo que esa tarea nos hace sentir.