23/05/2026
EL ENFADO
Las personas que se enfadan con facilidad y en exceso tienen baja tolerancia a la frustración. Creen que no deberían tener inconvenientes en sus vidas, lo cual es irracional, porque es lo contrario a un planteamiento razonable.
En el trasfondo del enfado hay un par de creencias arraigadas:
“Cada persona tiene lo que se merece. (De donde se desprende que "si me enfado, es porque algo has hecho mal".)
“Ciertas personas son malas, viles y perversas y deberían ser castigadas.” (Esta creencia refleja la tendencia a culpabilizar, dirigida a los demás o incluso a uno mismo.)
De estas dos ideas irracionales combinadas podría resultar este pensamiento: “El que sea malo, que se sienta culpable por serlo.”
Un problema añadido al problema del enfado excesivo es que muchas de las personas que tienden a enfadarse no son conscientes de hacerlo, no se dan cuenta, y además les cuesta admitirlo.
El enfado suele ir acompañado de muchas emociones negativas además de rabia e ira, como ansiedad, miedo, frustración, impotencia, confusión o resentimiento.
Estas emociones no sólo desgastan muchísimo mentalmente, sino que afectan al cuerpo, que se tensa, se contractura, y se agota.
Muchas veces no sabemos manejar de forma constructiva esa coctelera emocional porque nadie nos ha enseñado a hacerlo, porque nos han dicho simplemente que “no hay que enfadarse”.
Hemos aprendido que el enfado es una forma de hacerse respetar, de ejercer autoridad y de mostrarse ante los demás como fuerte y poderoso. El problema es que cuando somos verbalmente agresivos situamos al otro por debajo en una jerarquía imaginaria y, de forma comprensible, eso a la persona receptora no le parecerá justo y le irritará a su vez.
En el enfado excesivo se ejerce un abuso de un supuesto poder que en realidad no tiene nada de poderoso. Al contrario, muestra debilidad. Porque cuando no tenemos control sobre nuestras emociones y permitimos que se desborden, no estamos siendo fuertes. Estamos demostrando con nuestros actos que no tenemos habilidad para dominar los impulsos.
No nos olvidemos de que las personas que descargan su ira en otras también sufren. Y ese sufrimiento es el que les sirve de alarma definitiva para decidir que algo hay que cambiar.
¿Y qué hace la persona que recibe el enfado de otro?
Asumir el papel de víctima no ayuda a equilibrar la relación en cuanto a fuerzas de poder. El que se enfada no suele ser capaz de mostrar compasión y si ve a la otra persona sintiéndose víctima es posible que le dé más rabia todavía.
La actitud comprensiva podría funcionar mejor para lidiar con esta emoción. Claro que mostrar comprensión hacia alguien hostil e iracundo requiere de una paciencia y unos recursos psicológicos muy exigentes.