31/05/2026
Cada cuerpo tiene su propia historia.
Por eso en una misma clase una persona puede estar en Salamba Sarvangasana y otra en una variación diferente. No porque una postura sea mejor que la otra, sino porque cada cuerpo necesita un tiempo distinto para abrirse, fortalecerse y comprender.
La práctica no consiste en encajar en una forma.
Consiste en desarrollar sensibilidad para reconocer qué necesita cada persona en cada momento.
Y algo que a menudo olvidamos:
Mantenerse firme en una postura no requiere necesariamente tensión.
La verdadera estabilidad aparece cuando encontramos una acción precisa, una atención clara y un sistema nervioso que no está luchando.
Menos esfuerzo innecesario.
Más inteligencia.
Más escucha.
Más presencia.
Así es como el yoga va transformando la manera en que habitamos nuestro cuerpo y también nuestra vida.