21/08/2026
Hay tardes de verano que parecen hechas para bajar el ritmo.
Tardes de calor, de ventanas abiertas, de niñas jugando al té en el suelo y de hacer cosas que no sirven para nada… salvo para estar.
A mí, últimamente, me da mucha calma coger los colores y dibujar.
Quizá porque me recuerda a cuando era pequeña.
Quizá porque estas tardes de verano me llevan inevitablemente a cuado era pequeña.
O quizá porque hay algo en hacer cosas sencillas que consigue que, por un rato, mi cabeza deje de correr.
Cada uno tiene sus pequeñas cosas que le “paran el cerebro”.
A alguien le calma cocinar.
A otro, caminar sin rumbo.
Leer. Ordenar. Cuidar plantas. Escuchar música. Dibujar.
No siempre necesitamos hacer algo productivo para sentirnos bien.
A veces necesitamos simplemente hacer algo sencillo, lento y sin ninguna finalidad.
Y quizá por eso estas tardes tienen algo tan especial.
Porque entre los dibujos de los Pitufos, el té de mentira de mis niñas, los recuerdos, hay una calma que se parece mucho a estar a salvo.